 George W. Bush (I) y Hamid Karzai
(AFP)
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WASHINGTON (AFP) -
El presidente de Afganistán, Hamid Karzai, que enfrenta la espinosa crisis de los rehenes surcoreanos, llegó este domingo a la residencia de verano del presidente estadounidense, George W. Bush, con quien discutirá sobre la lucha contra los talibanes.
Pese a que los talibanes y los surcoreanos serán temas prioritarios en la agenda, Karzai, que asumió en 2002 con apoyo estadounidense, introdujo una potencial traba en las conversaciones al hacer declaraciones sobre Irán, considerado por Estados Unidos como una amenaza a la estabilidad global.
En una entrevista con la cadena CNN difundida este domingo, Karzai rechazó las acusaciones de Estados Unidos sobre que las armas iraníes ayudaban a erosionar la seguridad en Afganistán.
"Hasta ahora, Irán ha sido una ayuda y una solución", dijo Karzai. "Irán ha apoyado a Afganistán en el proceso de paz que tenemos, en la lucha contra el terrorismo y en la lucha contra el narcotráfico".
El mandatario agregó que Irán y Afganistán tienen "relaciones muy, muy buenas, muy, muy cercanas (...) Seguiremos teniendo buenas relaciones con irán".
Sus comentarios contrastaron con la posición estadounidense, que ve en Irán una importante amenaza que apoya a los terroristas, suministra armas a insurgentes en Afganistán e Irak, y busca desarrollar armas nucleares.
La posición fue reiterada el domingo por la secretaria de Estado Condoleezza Rice, cuando defendió la decisión de vender armas por miles de millones de dólares a Arabia Saudita y otros estados del golfo, para enfrentar las ambiciones de Irán.
"No creo que nadie dude que Irán es una importante amenaza, amenaza de seguridad para nuestros amigos, nuestros aliados, y por tanto para nuestros intereses en la región del golfo", dijo Rice a la cadena CBS.
El secretario de Defensa, Robert Gates, respondió a los comentarios de Karzai asegurando que Irán "juega en ambos lados de la calle en Afganistán".
"Creo que están haciendo algunas cosas para ayudar al gobierno afgano", dijo Gates a CNN. "Creo que también están haciendo cosas para ayudar a los talibanes, incluyendo la provisión de armas".
La Casa Blanca informó más temprano que los dos gobernantes "también definirán la forma de asegurar a largo plazo la democracia, la prosperidad y la seguridad" en Afganistán.
Los talibanes, expulsados del poder por la intervención liderada por Estados Unidos a fines de 2001, siguen controlando grandes áreas de Afganistán a pesar de las numerosas pérdidas infligidas por las fuerzas estadounidenses y de la OTAN.
Desde principios de año han muerto más de 600 civiles en actos violentos, de los cuales al menos la mitad fueron víctimas de "daños colaterales" de las fuerzas internacionales, según estima la misión de la ONU en Kabul.
Estas muertes de civiles vuelven a las fuerzas internacionales cada vez más impopulares y erosionan la credibilidad del presidente Karzai.
Los presidentes deberán prestar especial atención a la crisis de los rehenes surcoreanos, ahora que Seúl pidió la intervención de Estados Unidos.
Veintitrés trabajadores humanitarios surcoreanos, miembros de una iglesia evangélica, fueron secuestrados por los talibanes el 19 de julio. Dos de ellos fueron ejecutados y los talibanes exigen la liberación de prisioneros afganos a cambio de los 21 restantes que mantienen en su poder.
Karzai dijo en la entrevista con CNN que haría cualquier cosa para ayudar a liberar a los 21 misioneros surcoreanos, excepto algo que fomente más toma de rehenes.
Un alto diplomático estadounidense dijo el jueves que había "potencial" para una presión militar contra los talibanes para que liberen a los prisioneros.
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