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Salud & Familia Pese a contar con voluntarios, la organización carece de donaciones Gerardo González gegonzalez@nacion.com Unos 60 jóvenes universitarios escogieron culminar sus vacaciones de medio año con la construcción de cinco casas para familias de escasos recursos del precario Las Palmas de Desamparados. Bajo la iniciativa de Un techo para mi país , que desde el año pasado ha construido más de 30 casas, los jóvenes llegaron el viernes en la mañana a ese sector con la misión de derrumbar los ranchos y sentar las bases de las nuevas viviendas.
Las cinco familias beneficiadas fueron escogidas por la organización, después de un proceso de encuestas para determinar cuáles eran las más necesitadas. Olga Espinoza, de 76 años, vivía en uno de los ranchos de lata con sus dos hijos, que sufren de problemas mentales. Además de la condición de sus hijos, esta viuda padece de problemas del corazón y está bajo tratamiento médico. Otro de los casos es el de María Fernanda Vargas, que a sus 24 años habitaba un rancho junto a sus cinco pequeñas hijas con edades que oscilan entre 1 y 9 años. “En el rancho en el que vivía, se me metía mucho el agua pues el techo estaba muy deteriorado. Mis hijas están muy contentas porque van a tener campo para jugar”, contó la joven mamá. Los otros casos tienen en común que se tratan de madres solteras o de mujeres que deben enfrentar problemas de alcoholismo y drogadicción de sus parejas. Recursos. La meta del proyecto era construir 50 viviendas en esta oportunidad, pero la falta de donaciones hizo que solo pudieran ayudar a cinco familias. “Es una lástima porque tenemos los voluntarios, el empeño y las familias necesitadas, pero no podemos seguir avanzando por falta de recursos”, dijo María Luisa Ayala, directora social de Un techo para mi país en Costa Rica. Consuelo Melo, una chilena de 20 años que estudia diseño de modas en la Universidad Creativa, trabajó en la construcción de la casa de María Fernanda Vargas. “Aunque no seamos de escasos recursos, la pobreza es un problema de todos, somos una comunidad y tenemos que aportar para sacarlos adelante”, expresó la joven. Un sentimiento similar motivó a Carlos Oreamuno, estudiante de Ingeniería Industrial de la Universidad de Costa Rica. “Ellas son personas iguales a uno, con pocas diferencias, son buenas y enseñan que la vida es mucho más dura de lo que uno piensa”, comentó. Oreamuno. Este joven de 20 años ha participado en tres ocasiones en los proyectos que el grupo ha desarrollado en otros lugares como Los Guido y Alajuelita. El mes pasado organizaron un concierto para recaudar fondos con el grupo Malpaís, cuya ayuda se utilizará para apoyar a familias pobres de Curridabat. Tras esta nueva incursión, la agrupación tiene proyectado construir 100 viviendas más para diciembre próximo. Si desea más información puede visitar el sitio www.untechoparamipais.org.
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