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De tratados y otros “demonios” Cegados por el berrinche y el egoísmo, algunos pretenden desconocer resultadosGrettel Paniagua Varela Relacionista internacional El mito ha servido históricamente para recrear retratos fabulosos, alegorías que permiten alser humano interpretar de modo inmaterial, extraordinario, los hechos sobre personas o situaciones por los que siente desvelo o admiración. Dicen que en Costa Rica no solo se han visto padres sin cabeza o perros ampulosos arrastrando cadenas; recientemente, asusta también un tipo novedoso de fantasmagóricas criaturas que algunos aseguran haber visto parapetados tras las paredes del Congreso, y que han bautizadoTelecé . ¿Perseguirán estos nuevos espectros a los sindicalistas que transitan huidizos por las calles obscuras, vagamente iluminadas por tímidas estrellas? Cuarta dimensión. Algunos aseguran que al aparecido posee poderes tan fabulosos como el de entubar el agua completa de la Región Huetar Norte costarricense y, por vía de un acueducto de cuarta dimensión, trasladarla en instantes hasta Puerto Caldera para prodigársela a EE. UU. (¿será Telecé también el responsable de la sequía exorbitante del lago Arenal y de los apagones?). Otros afirman que cuandoTelecé abandone los parapetos y se instale definitivamente en el país, vendrá con varita mágica y hará desaparecer el 20% de la población que vive en la pobreza, todos ganaremos en dólares y se esfumarán para siempre los huecos de las calles porque entraremos al tan apetecido “mundo desarrollado”. Entretanto, sentada frente a una pantalla, apresurando el ritmo de trabajo antes de que llegue el referéndum y salgan a las calles el SÍ y el NO a conquistar corazones, pretendo entender al prócer de la patria que dijo enLa Nación que toda persona puede formarse un criterio de rechazo al TLC sin leerlo, guiada por quienes cuentan haberlo visto “por ahí”. Ni cataclismo ni panacea. El poder de intimidación más confuso del TLC que ha afectado a los costarricenses de a pie ha sido el mito con el que los extremistas revistieron su naturaleza. Ni es el cataclismo apocalíptico que se avecina ni tampoco la panacea pródiga venida de los dioses: tan solo representa el arquetipo de mundo en el que vivimos, donde las naciones intercambian bienes, servicios y tecnología en un marco de legislación bilateral o multilateral. Costa Rica tiene un resabio de problemas en infraestructura, tramitología y fomento del recurso humano que urge resolver con TLC o sin él. Los costarricenses demandamos, desde todos los vértices de este mito descuadrado, educación con verdad y sin filiaciones enfermizas. Y, sobre todo, sea cual fuere la decisión popular, una respuesta positiva, fehaciente y oportuna a la agenda complementaria, que nos ayudará a apreciar con otros ojos nuestro papel como nación en vías de desarrollo, dentro de un marco de interrelación más estrecho entre los Estados, que hoy nos llama a tomar una decisión soberana, más allá de quienes, cegados por el berrinche y el egoísmo, pretender desconocer resultados que se opongan a sus intereses.
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