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Sociedad y Servicios Jairo Villegas S. Redactor La calle estaba inundada de fieles. A los lados, decenas de vendedores ofrecían alimentos, bebidas, golosinas y hasta juguetes a los miles de romeros. Mientras los creyentes caminaban, retumbaba música cristiana desde una tumbacocos y algunos jóvenes repartían papelitos con mensajes de fe y otros alusivos al TLC. Los chinamos coloridos hacían recordar uno de los tradicionales turnos donde se disfruta de churros o un algodón de azúcar, mientras que algunos tomaban las aceras como lugar de descanso para recuperar fuerzas y continuar el viaje. Pese a estas distracciones, la mayoría de feligreses no disminuyó el ritmo al pasar por Tres Ríos, en La Unión de Cartago, donde de nuevo se vivió una gran fiesta con la romería. Los fieles desafiaron estas tentaciones y los músculos de sus piernas por una verdadera pasión: llegar a la basílica de los Ángeles para ver a La Negrita. Los comerciantes lucharon por clientes, y los fieles lo hicieron por llegar a su destino de fe. Los vehículos fueron sustituidos por creyentes que se dirigían hacia Cartago en un ejemplo de devoción y fe, con la esperanza guardada en su corazón de que la Virgen les ayudará en sus necesidades. Muchos reflejaban en sus rostros una gran alegría por el viaje y hasta tenían fuerzas para hablar y reír, otros en cambio, evidenciaban algún dolor por las horas y kilómetros que ya llevaban recorridos. No importa si el motivo del viaje fue el pago por una bendición o para solicitar ayuda al Todopoderoso, lo importante es el fervor y devoción con que año a año se toma esta fecha especial entre los católicos. La pasión por llegar a la basílica de Cartago hizo que el frío no se sintiera, que la sed se saciara con los deseos de estar frente a la Virgen y que el cansancio valiera la pena y se olvidara en la vieja metrópoli. Las incomodidades pudieron ser muchas, desde ampollas en los pies hasta el hambre, pero el premio espiritual compensó todas ellas. La muestra de aprecio de los ticos hacia La Negrita no disminuye, en cambio, parece revitalizarse año con año, porque así lo he percibido en las romerías, y se les comenta alguien que no profesa la religión católica.
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