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Impunidad sindical

Inexplicable participación del empleado públicoen el juego que llevan a cabo los sindicalistas

Arturo Garnier Calderón
Informático

Es hora de que, así como se denuncia y combate la corrupción, no importa dónde se presente, sea en el sector público o en el privado, se actúe con mano firme para que los líderes del sindicalismo cumplan con los principios básicos que justificaron su origen.

No debe permitirse que los sindicalistas, que son empleados públicos y deben trabajar como todos los demás, sigan amparándose en el argumento de que, por ser “dirigente sindical”, pueden arrogarse odiosos privilegios creados para su propio beneficio y tengan la desvergüenza de incitar a la violencia pública, si no se los otorgan o no se los renuevan.

Lo que más le preocupa a la mayoría de los costarricenses que desarrollamos nuestras funciones laborales bajo principios y valores éticos es, desde luego, que esos privilegios que hoy agobian la economía del país han sido gestados con vituperio de jerarcas del sector público.

Si un funcionario público, al aceptar su nombramiento en un cargo de responsabilidad ejecutiva, “dice jurar respeto a la constitución y las leyes”, ¿por qué no es consecuente con su juramento y desarrolla sus labores con la firme y real decisión de, al menos, reducir el nefasto ambiente que predomina en las instituciones de la administración pública?

De oficio y con celo. Los costarricenses nos preguntamos: ¿dónde están los funcionarios públicos que, de oficio y con celo, deben velar por el uso y destino de los fondos públicos? Señores encargados de gestiones contraloras, no creo que sea necesario recordarles que los sindicatos manejan mucho dinero que se les deduce a los empleados públicos, y grandes aportes económicos y materiales que pagamos todos los costarricenses. ¿O es que, para actuar, requieren que alguien presente una denuncia? Si es así, ¿para qué, entonces, fueron creadas las oficinas de control público?

Si los ejecutivos quieren demostrar sus principios éticos en el desempeño de sus cargos, deben cumplir sus labores como los costarricenses honestos requerimos. De no ser así, sería evidente que su gestión queda subordinada a la cómoda situación personal de no enfrentar problemas, pero, eso sí, aprovechar todas las que les permitan figurar y mantenerse bajo la “cultura del salario”, que con mucha maña aplican los sindicalistas, a saber: hacer lo menos y recibir lo máximo.

Incapaces y vagabundos. Señores empleados públicos, ¿hasta cuándo van a seguir financiando a los líderes sindicales con sus cuotas mensuales y permitiendo que personas incapaces y vagabundas sean quienes los representen en los sindicatos?

Si un empleado es miembro de un sindicato, no reacciona ante tanta desvergüenza de sus líderes y sigue permitiendo, con sus aportes e indiferencia en las elecciones, que unos pocos compañeros, debidamente adiestrados por los eternos dirigentes, sean los que definan las directivas, son entonces también parte sustantiva de ese problema nacional. ¿Qué necesitan para reaccionar sustituyendo a esos líderes, buenos para nada, o bien para renunciar a su afiliación y dejar de ser parte de ese juego sindical?

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