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2 de agosto Nunca es tarde para plantearnos los grandes temas de nuestra existenciaHelena Ma. Fonseca Administradora de empresas ¿Por qué se hicieron los preparativos para recibir a 2 millones de romeros este 2 de agosto? ¿Qué mueve a las personas a caminar, durante días, largas horas hacia la basílica de la Virgen de los Ángeles? Definitivamente, un acto humano y, por tanto, libre. Un acto auténtico de confianza y, consecuentemente, de fe. ¿Qué existe detrás de la fe? Tres poderosos y grandes horizontes: creer, esperar y amar. Estas magnas virtudes dan respuesta a las profundas interrogantes: ¿quién soy?, ¿dé dónde vengo?, ¿cómo he de vivir?, ¿para qué estoy aquí? Estas eternas preguntas no se resuelven de la noche a la mañana. Necesitan tiempo y madurez, y requieren valor. No todo se resuelve en esta vida a golpe de cibernética. La fe nos brinda una certeza y un punto de referencia sobre el cual se puede vivir y morir. ¿Está en crisis la fe? Tal vez, quien está en crisis es la persona ante una crisis de identidad que tiene que ver con la falta de fe y de autenticidad en su práctica. La separación entre la fe y la vida diaria colabora con esta crisis existencial. No somos una persona en el lugar de trabajo, otra en nuestro hogar y otra con mis amigos o en el descanso o en la vida social. El precio de la felicidad es la entrega, que exige sinceridad de vida. Todos tenemos que empezar por vivir esa coherencia entre lo que se piensa, se dice y se hace. Este sería un buen propósito, nada fácil, con el que le daríamos un giro a este mundo que tanto amamos y nos apasiona a todos. Fe y esperanza. No siempre el “progreso externo” se traduce en un mejoramiento cualitativo de la condición de la persona. Cuántos desencuentros se viven. La fe es una gran necesidad para la civilización actual porque la esperanza es, tal vez, el reto más grande que tenemos todos. Hay gente que puede vivir sin fe, pero nadie puede vivir sin esperanza. Un mundo sin esperanza enseguida se convierte en un mundo sin amor. Algunos mueven las economías con el temor y la desconfianza; otros deberíamos moverlas con la verdad, el amor y la confianza. Necesitamos enfrentar el futuro con unas coordenadas nuevas y procurar, además de una herencia genética, cultural y económica, una espiritual. Nunca es tarde para plantearnos los grandes temas de nuestra existencia. La vida es algo demasiado serio. El tiempo pasa inexorablemente y nuestra existencia en este mundo tiene sus días contados. ¿Cuántos? No lo sabemos. Nuestro saber estar es algo importante. Querámoslo o no, nos enfrentamos a decisiones fundamentales y definitivas en la vida. En el ocaso de nuestra vida, la muerte no es algo que ocurre, es “alguien” que llega: la cita definitiva con la eternidad y con nuestra verdad. Solo el amor. Tal vez, la ruta más corta a la fe es el amor: “sólo el amor es creíble”. La fe nace del corazón del hombre, un corazón que lucha por no naufragar ante quienes buscan abaratar los quilates de la verdad. Amar y optar por la verdad, éste es el gran reto de la fe. En esto coinciden todos los hombres honrados. Una libre invitación a amar, aquí reside su grandeza: en la libertad. No se puede amar lo que no se conoce. “Para amar a una persona hay que acercarse a ella”. ¿Cuál es la medida de nuestro amor? Nuestro prójimo. Sigamos inmersos en estos grandes horizontes: seguir creyendo, seguir esperando y seguir amando. Y, para educar en la fe, aprendamos primero a “gritar con el ejemplo”.
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