 Juguetes chinos en el ojo de la tormenta
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WASHINGTON (AFP) -
La retirada por Fisher-Price de un millón de juguetes fabricados en China sospechosos de contener pinturas tóxicas se suma a escándalos similares sobre la seguridad de los productos "made in China" y puede reavivar el resentimiento estadounidense frente al coloso asiático.
El gigante estadounidense de los juguetes Fisher-Price (del grupo Mattel) anunció al jueves la retirada del mercado 967.000 juguetes sospechosos de contener pinturas a base de plomo, que pueden ser muy tóxicas si se las ingiere.
El retiro resulta espectacular porque involucra tres juguetes muy populares en Estados Unidos: Dora, la exploradora, y los personajes de la serie televisiva educativa Sesamo Street.
Pero éste no es el primer caso. En junio, cerca de 1,5 millones de trencitos de madera fueron retirados de las jugueterías debido a la pintura con plomo. Los estadounidenses recuerdan aún los escándalos de la ración para animales que mató miles de perros y gatos, el dentífrico anticongelante y los camarones que contenían sustancias farmacéuticas prohibidas.
El jueves, el ministro de Comercio de China, Bo Xilai, quiso tranquilizar a los norteamericanos asegurando que "más del 99% de los productos exportados por China son buenos y seguros".
Pero la indignación no cesa de aumentar en Estados Unidos.
"Por ahorrar algunos centavos, los chinos ponen en peligro la vida de la gente en un grado totalmente irresponsable", afirma Peter Morici, profesor de economía en la Universidad de Maryland (este).
Para este economista, un incansable crítico de las prácticas comerciales chinas, los consumidores no están todavía realmente encolerizados por una razón simple: "ningún niño ha muerto todavía".
"Lamentablemente, será necesaria una tragedia" para hacer reaccionar a la población pero, mientras tanto, algo está claro para él: "no se debe comprar nada de China que pase por la boca de la gente y por las manos de los niños".
Por más que este sentimiento no cesa de extenderse, escapar a los productos chinos es algo más fácil de decir que de poner efectivamente en práctica.
En un ensayo reciente y ya muy conocido, "Un año sin 'made in China'", la periodista Sara Bongiorni cuenta cómo ella y su familia pasaron un año sin comprar ningún producto de ese país.
Tras un año de búsquedas infructuosas, de comprar calzados deportivos caros y de perder tiempo, la joven periodista constató: "es posible vivir sin los productos chinos, pero cada vez es más difícil y más caro".
Hay que tener en cuenta que los norteamericanos dependen mucho de las importaciones de bajo costo "made in China" para su consumo, con un déficit en su balanza comercial de 223.000 millones de dólares en 2006.
Con esta dependencia sobrellevada desde hace varios años, que ya se ha tornado una fuente creciente de descontento, los estadounidenses acusan a China de ser la causa de las deslocalizaciones masivas de empleos que afectan a la industria, al punto que hoy se multiplican los llamados a la acción.
"Es urgente que el Congreso contribuya con una respuesta política completa para contrarrestar las prácticas desleales de China", afirma Auggie Tantillo, número dos de la American Manufacturing Trade Action Coalition.
Pero no es fácil darse prisa con el gigante chino, algo que el secretario del Tesoro, Henry Paulson, acaba de conocer por experiencia propia, al volver con las manos vacías de una visita a China, adonde había ido principalmente para abogar por la revaluación del yuan.
Los demócratas acusan al gobierno de inercia sobre este tema, quejándose de que China jamás fue acusada oficialmente de manipular su moneda, razón por la cual prometen aprobar una ley que obligue al Tesoro a subir el volumen con China.
El texto recibió el miércoles el espaldarazo de la Comisión bancaria del Senado y tiene, según los especialistas, buenas probabilidades de ser aprobado.
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