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Miércoles 01 de agosto, 2007
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Las ciencias y la educación

Una oportunidad histórica que Costa Rica tiene que aprovechar

Víctor M. Buján Delgado
Educador

Los días 28 y 29 de junio del 2007, se llevó a cabo una conferencia internacional cuyo título era “Ciencia y Bienestar: del Asombro a la Ciudadanía”. Fue organizada y presidida por la Academia Nacional de Ciencias de Costa Rica con participación de distinguidos científicos y educadores de México, Colombia, Panamá, Chile y Costa Rica, y tuvo lugar en las excelentes instalaciones de la Ciudad de la Investigación de la Universidad de Costa Rica.

Este fue un congreso celebrado en preparación de la IV Conferencia Internacional Ciencia y Bienestar: Del Asombro a la Ciudadanía, que se realizará en Monterrey, México, a fines del presente año. Lamentando no poder citar a todos los miembros de las mesas, diré solamente que este acto, presidido por el doctor Gabriel Macaya, presidente de la Academia Nacional de Ciencias de Costa Rica, y con activa participación del doctor Leonardo Garnier, ministro de Educación Pública, tuvo el honor de contar con brillantes expositores nacionales e internacionales como el doctor Juan Pedro Laclette, presidente de la Academia Mexicana de Ciencias, el doctor Julio Escobar, secretario nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación de Panamá, el doctor José A. Lozano de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales y el ingeniero Guillermo Fernández De La Garza, cuyos nobles esfuerzos por obtener la inclusión de Costa Rica en su programa regional de enseñanza de las ciencias, que comprende a México y a los Estados Unidos, me son conocidos desde el 2002. En aquel año, se celebró en Santiago de Chile un gran congreso de Academias de Ciencias de varios continentes, presidido por el doctor Jorge Allende, presidente de la Academia Chilena, con los mismos propósitos del congreso de San José. Entre los conferencistas costarricenses de la semana pasada, se contaron Clotilde Fonseca, directora del Programa de la Fundación Omar Dengo, el mismo ministro de Educación, doctor Garnier, el doctor Pedro León Azofeifa, la diputada Sadie Bravo Maroto y otros. En mi opinión, la gran novedad de este congreso era que estaba destinado tanto a científicos como a educadores.

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El diálogo es urgente. La educación científica encara graves problemas en casi todos los países de nuestro continente, pero dar el primer paso hacia su resolución ha sido, hasta ahora, muy difícil. La gran dificultad consiste en que la primera acción es lograr un diálogo franco y fraternal entre los científicos y los educadores, y este diálogo no se consigue fácilmente. En general, el científico cuya especialidad es la Química pura, por ejemplo, no tiene tiempo ni tiene interés en sentarse a conversar sobre problemas de enseñanza de esta disciplina con el profesor cuya tarea consiste en ir a las aulas a enseñar Química a los niños y a los adolescentes.

En mi opinión, el primer gran mérito de esta actividad ha sido subrayar la necesidad de ese diálogo y de ese acercamiento entre el científico y el maestro. Otro es, sin duda, que promueve el principio de que la formación científica debe retomar el sentido correcto: de la experiencia a la abstracción, y no de la abstracción y las leyes ya depuradas y pulidas, a las prácticas de laboratorio. El tercero es que nos hace ver que la formación científica debe arrancar en los primeros años de la educación primaria.

¿Aprovechará Costa Rica esta oportunidad histórica? El país podría recibir buenos frutos del congreso de fin de año allá en México, si consigue enviar una delegación que incluya tanto científicos como docentes. Y, por supuesto, si esos científicos y docentes que envía son de los más distinguidos del país. Existe otra condición para obtener esos buenos frutos: pienso que la Academia debería constituir un grupo permanente de científicos que monitoree y que ayude en los esfuerzos educativos del país en el campo de la educación científica. Afortunadamente el asunto queda en las muy buenas manos de los doctores Garnier y Macaya.

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