|
|
|||
|
|||||
|
|
Opinión José Luis Rodríguez C. jorodriguez@nacion.com Periodista No puedo decir que era gran amigo de Arturo Suárez, ni tampoco que coincidí mucho con él en actividades sociales, pero con una “tarde de golf” que compartí con él me bastó para dedicarle esta columna. Fue hace aproximadamente tres años, cuando Arturo y Andrés Fonseca, excopiloto y piloto de ralis, me invitaron a aprender una disciplina que solo había presenciado y disfrutado cuando debía darle cobertura por mi trabajo. Aunque por circunstancias de la vida Andrés era más cercano a mí, ese día encontré en Arturo a un buen compañero y a un mejor maestro de golf en Los Reyes, donde nos fuimos a practicar. Debo confesar que mi swing y mi putt eran pésimos, pero que a pesar de lo malos que eran, tanto Arturo como Andrés me apoyaron y tuvieron paciencia para andar con mi ritmo por todos los hoyos. Para hacer más malo mi debut, de un pronto a otro se vino un aguacero que inundó los hoyos y que nos tuvo sentados, “escampando”, por largo rato. Al final de la lluvia, totalmente empapado, y, debo reconocer, con pocas ganas de continuar, convencí a mis “instructores” de irnos antes de tiempo para la casa donde teníamos planeado almorzar. Estando ahí, Daniela, hoy esposa de Andrés, me comentó que para Arturo un aguacero no era problema si se trataba de golf. Su pasión por este deporte era tanta que a veces se le escuchaba a las cinco de la mañana, en Valle del Sol o en Hacienda Los Reyes, jugando acompañado o solitario. Cuento esta pequeña anécdota porque hoy, cuatro días después de la muerte de Arturo, quiero darle a uno de los dos únicos maestros de golf que he tenido –el otro es Andrés– una cálida despedida. Aunque fue solo aquel día, del cual no recuerdo la fecha, cuando pude interactuar con Arturo, siento en mis adentros la necesidad de decirle adiós a un muchacho que con solo 27 años se encontró con la muerte precisamente en un campo de golf, alcanzado por un rayo fulminante. Por Arturo, a quien también entrevisté en su época de copiloto de ralis, cuando él y Andrés tripulaban un Subarú Impreza, extiendo mis respetos y destaco esa pasión que le observé en las disciplinas donde siempre quiso destacar. En medio de la tristeza que hoy embarga a su familia y quienes, aunque fuera poco, lo conocimos, cabe recordar esa ilusión y alegía por la vida con la que Arturo se levantaba de madrugada a practicar el golf, ejemplo de pasión y tesón, algo que le falta al mundo de hoy. ¡Hasta luego, Arturo!
|
|
|||
|
© 2007. GRUPO NACIÓN GN, S. A. Derechos Reservados. Cualquier modalidad de utilización de los contenidos de nacion.com como reproducción, difusión, enlaces informáticos en Internet, total o parcialmente, solo podrá hacerse con la autorización previa y por escrito del GRUPO NACIÓN GN, S. A.
Si usted necesita mayor información o brindar recomendaciones, escriba a webmaster@nacion.com Apartado postal: 10138-1000 San José, Costa Rica. Central telefónica: (506) 247-4747. Servicio al cliente: (506) 247-4343 Suscripciones: suscripciones@nacion.com Fax: (506) 247-5022. CONTÁCTENOS |