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En Vela Julio Rodríguez envela@nacion.co Al día siguiente del apagón, La Nación publicó el editorial intitulado “El nuevo ICE”. Esta es la cuestión. Fue un llamado al análisis, a las soluciones concretas con visión de futuro, a la solidaridad y al cambio. Toda crisis institucional –o personal-, puede abatir y convidar, malévolamente, a la desesperación, pero también estimula a pensar, actuar y rectificar. La vida y el progreso han preferido la segunda senda. El apagón fue eléctrico. No debe serlo mental. Los apagones mentales y éticos nos han causado ya demasiado daño. Nos encontramos en una de estas fases decisivas en que no se puede fallar. Costa Rica debe salir de su bloqueo y enclochamiento, cuyas víctimas, como sabemos, suelen ser los sectores más pobres y con menos oportunidades. La luz eléctrica es la metáfora perfecta de la luz mental. Su negación, en ambos frentes, son las tinieblas. Hay gente en Costa Rica, temerosa de la luz, que quisiera que vivamos en la oscuridad o a punta de apagones. En cuanto al ICE, esta es la ocasión dorada para arrojar toda la luz mental sobre las causas generadoras de los apagones y, en general, de su rezago tecnológico: imprevisión, mala gestión, politización, paranoia ideológica, amarras financieras, corrupción. Precisamente por ser el buque insignia institucional del desarrollo del país, merece una atención esmerada para que se ponga al día y pueda surcar los mares procelosos de la competencia y la globalización. Cuatro episodios han quedado documentados: la crisis eléctrica y su vulnerabilidad actual, la tortura de la telefonía celular, técnica y moral, y el retraso imperdonable, por tres años, del proyecto de Internet Avanzada, todo advertido a tiempo por la Contraloría General de la República. La vida es generosa y previsora: nos golpea para despertarnos. Nadie, ni el más fuerte y poderoso, está inmunizado contra las caídas. Y, conforme avanzan la ciencia y la tecnología y el progreso, los riesgos son mayores. El mayor riesgo del ICE, hoy, radica en no ver hacia atrás para rectificar con entereza y dejarse dominar por el miedo ante el futuro(el de la dura competencia y el de la propia tecnología). Que se nos diga, entonces, toda la verdad sobre el ICE y nada más que la verdad, y que este trance actual no sea motivo de disensiones, sino de solidaridad tenaz y de conjunción de talentos y de genuinos líderes para construir el nuevo ICE. De seguro, no se podrá garantizar el fin cierto de los apagones eléctricos, pero sí es posible cerrar el ciclo del miedo, del populismo y del boicot político, así como de los destructivos apagones mentales que nos dejan a oscuras frente a la apertura, la excelencia o la innovación.
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