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Lunes 30 de abril, 2007 San José, Costa Rica. |
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Futbol Puntarenas solo complementó la faena que había iniciado el miércoles Roberto García H. rgarcia@nacion.com Puntarenas. A medio camino entre el achique y sus redes, el portero generaleño Dexter Lewis solo atinó a mirar cómo el balón que aterrizaba en el fondo de su cabaña definía la serie de 180 minutos entre su equipo y Puntarenas. Oh, paradoja, cuando mejor jugaba Pérez Zeledón, al arquero del sur le tocó extraer por segunda ocasión la pelota de los cordeles, al tiempo que un presagio extraño se alojaba en el alma de sus guerreros. El balón partió de la cabeza de Kurt Bernard en una especie de carambola que definió el 2 a 0 y el paso porteño a la semifinal. Corría el minuto 68; es decir, quedaba un buen margen para disputar (22 minutos). Sin embargo, en el ánimo de Pérez Zeledón se confirmó lo que se esperaba como –perdone usted el lugar común– una muerte anunciada. Bajo el sol, Puntarenas se dispuso a rubricar la sentencia que había iniciado en la noche del miércoles a la luz de los reflectores (0 a 0, en el juego de ida).
Ayer el duelo no tuvo misterio. Con la sapiencia de Michael Barrantes, el cuadro naranja comenzó a diseñar la telaraña del toque con la que envolvió paulatinamente a Pérez Zeledón. Antes de la primera conquista, los locales habían frecuentado los predios de Dexter Lewis con incursiones de metralla y vértigo. Al 43’, de inmediato a un tiro de esquina, Mario Camacho acudió al pase en corto de Rachit Gómez. Y cuando se esperaba el retorno a Rachit, de media vuelta, Camacho envió un centro al segundo palo, donde emergió Roberto Wong para hundir la esfera. Reacción y agua fría. El reinicio mostró a un Pérez Zeledón completamente distinto al equipo calculador del primer lapso. Bill González (relevo de Rocky Cordero) generó varios acercamientos y una chilena espectacular con la que estuvo a punto de emparejar las cifras. Con la guía de Tirso Guío (¡qué buen toque!), con el empuje de Luis Lara y el renovado aporte del “pistolero”, los guerreros del sur se afanaban por enderezar un norte. Mas, ocurrió la escena descrita líneas arriba y cuando mejor jugaba Pérez Zeledón, un cabezazo desde fuera del área de Kurt Bernard, tras un rebote del arquero, aterrizó en los cordeles de Dexter Lewis, quien quedó a medio camino entre el achique y su desesperación. El dos a cero, a 22 minutos del final, fue la sentencia. Los muchachos de Johnny Chaves no respondieron con el ímpetu con el que habían iniciado el segundo período y, literalmente, Pérez Zeledón se entregó a su suerte. Así, bajo el sol del Puerto, el poder naranja rubricó ayer la sentencia que había comenzado a elaborar en el reducto del sur días atrás, a la luz de los reflectores.
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