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Anotaciones sobre literatura Grettel Paniagua V. grettel_cd@yahoo.com.mx Relacionista internacional El primer libro completo que leí fue lasHistorias de Tata Mundo , cuando con el tintero de Fabián Dobles me conduje al universo del Matatigres y el Gato sin zapatos. Desde ahí salté a Memorias de un pobre diablo y humedecí mis ojos cuando José León Sánchez me contó la historia de La niña que vino de la Luna . Desde entonces, comprendí que las sementeras del espíritu germinan cada vez que desciende sobre ellas la lluvia fresca de la literatura. Decía Simone de Beauvoir que “si no hubiera nada que destruir, que combatir, la literatura no habría sido gran cosa”. Quizás porque desde los primeros jeroglíficos que originaron nuestro anecdotario sapiente cuatro mil años antes de Jesucristo, y dejaron escapar desde el ingenio inquieto del humano neolítico sus incipientes deseos de perpetuarse gráficamente, el arte de escribir, y de escribir bien ha fraguado en sí mismo una cantera inagotable para derrotar sus miedos, desguarnecer sus furias, esculpir anhelos, bautizar cuartillas con agua del rostro, aquietar esos gritos que ya no contienen los mausoleos de su garganta, convertirlos en canto y vida, armónicos, rítmicos, perennes, en fin, entubar emociones para con ellas perfilar su denuncia o, simplemente, seducir al amor. Vibraciones puras. Literatura es aquella rosa inspiradora que el joven deposita en las manos de aquella muchacha a quien le hace la corte. ¿O acaso conocen ustedes una expresión más hermosa de amor que el buen libro que nos regala un autor o una autora? Nos obsequia su vida y sus vibraciones más puras en un pálpito de composiciones que ha bombeado savia nueva en sus venas, que lo ha liberado (¿de sus propios demonios, como dijo Sábato?), reconfortado (¿en una habitación propia como a Virgina Woolf?) o salvado (¿en una ruta de evasión excepcional como la de Yolanda Oreamuno?) En esta tierra tan redonda y plana que hizo germinar miles de versos en Carmen Naranjo, o que le dio unTibio recinto de la oscuridad a Fernando Contreras, también trepida una que otraCasa de los espíritus donde se puede presentar unMalentendido francés en que esté envuelta unaDama de las Camelias o un hidalgo de La Mancha porque la literatura es un sustrato del alma, que se deleita en la inquietud humana y se distiende gozosa en las albercas de la creatividad y la imaginación. El libro es una fibra que conecta la inventiva de un autor con el ensueño de quien lee, cautivándole, identificándole y permitiendo que se expandan sus sentidos y viaje con ilusión de explorar y descubrirse oculto en las páginas mientras transita en una balsa de piedra con José Saramago o ayuda a Teseo a matar al Minotauro.
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