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Cuentos chinos de Ottón Solís

Es hora de demostrar al mundo que somos capaces de tomar decisiones

Alonso Bogantes Zamora
Administrador de empresas

El libroCuentos chinos de Andrés Oppennheimer ayuda a darse cuenta de la importancia del libre comercio para Latinoamérica y revela la sorprendente polarización a la que se llega en Costa Rica. En “¿No ha estudiado el TLC?” ( Página quince , 5/4/07), don Ottón Solís hace un uso cuestionable de “evidencias paralelas” que, supuestamente, ayudan a formarse una opinión de rechazo respecto al tratado aun sin leerlo. Como me parece una hazaña olímpica formarse una opinión de esa manera, procedo a analizar algunas de las evidencias, o como diría Oppennheimer, los cuentos chinos de don Ottón:

k“Nuestros negociadores mostraron una actitud de que el TLC es urgente y por eso no sacamos tanto provecho”. En el libro se explica cómo el mundo se está dividiendo en tres grandes bloques de comercio: “el de Norte y Centroamérica, con 25% del producto bruto mundial, el de la Unión Europea con un 16%, y el de Asia, con un 23%”. El bloque de Europa está bastante consolidado y creciendo; el Nafta es un bloque de 426 millones de personas. El de Asia es gigantesco y consolidándose con la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático, que tiene 1.700 millones de personas, potencialmente 3.000 con India. Latinoamérica no está dando signos de querer adherirse a ninguno de estos bloques. ¿Es o no urgente que Costa Rica apruebe el TLC?

k“En materia de tratados comerciales, lo que sirve a Nicaragua y Maroco no es lo mismo que lo que le sirve a Costa Rica”. La misma lógica se podía utilizar para países como Irlanda, República Checa, Eslovaquia, Polonia o China. Sin embargo, ninguno de esos países “imitaron”, como dice don Ottón, ideologías o recetas universales en desarrollo. Tampoco es cierto que Costa Rica lo estaría haciendo si se aprueba el tratado. El argumento, por simplista, no merece una comparación más extensa.

k“Todo costarricense que no haya estudiado el TLC puede concluir que Óscar Arias no quería exponerse en campaña a un debate porque eso demostraría que el tratado no le sirve al país”. Este cuento, en lugar de ser chino, resulta extemporáneo y trillado. La estrategia de campaña fue exitosa en el tanto que don Óscar ganó las elecciones. Además, todas las encuestas en relación con el tema demuestran lo contrario. En el libro se explica que el progreso de Irlanda se logró por una combinación de acuerdo social entre empresarios y obreros, apostando a la apertura y al hecho de que los sucesivos gobiernos mantuvieron el rumbo pese a los traspiés iniciales. Si no haber debatido representa para don Ottón un “traspié inicial”, lo importante es que lo asimile y siga adelante, pero pensando en acuerdos válidos, no en meras conjeturas de renegociación o vigencia de acuerdos unilaterales que no brinda la seguridad jurídica que el país necesita.

k“Dime quién paga la campaña multimillonaria y te diré a quién beneficia el TLC”. No entiendo porqué se insiste en desvirtuar y hasta satanizar a empresarios que contribuyen a la campaña a favor del tratado. En comparación, la campaña de los que están en contra está lejos de ser austera. A menos que yo insistiese en polarizar el tema, tampoco sería correcto decir: dime quién paga la campaña en contra y te diré a quién NO beneficia el TLC. Concluye don Ottón diciendo que basta saber que Hitler escribió Mein Kampf para oponerse a sus contenidos, de la misma forma que los hechos descritos permiten oponerse al TLC incluso sin leerlo. Mi ego no es tan grande, así que una tesis contraria de mi parte sería también arriesgada y simplista; es decir, pretender que este artículo bastase para que algún costarricense apoye el TLC.

Las posturas que polarizan el tema flaco favor hacen al serio debate que el país necesitaba –en pasado– porque después de 2 años, es hora de demostrar al mundo que somos capaces de tomar decisiones y votarlo democráticamente en la Asamblea Legislativa.

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