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Violencia en colegios El auténtico ciudadano debe actuar en concordancia con los más altos valores humanosLuis Alberto Rojas Bogantes Director Liceo Experimental Bilingüe Los Ángeles En días recientes, los ciudadanos nos hemos visto saturados por “noticias” en las que los estudiantes, profesores, directores o el sistema educativo costarricense en general han sido protagonistas o antagonistas de diversas críticas, defensas o acusaciones. La prensa escrita o televisiva degusta el platillo de la interrogante sobre las reglas, los límites, los deberes o los derechos de los y las docentes, principalmente de la educación secundaria de nuestro país. Es ahora cuando surgen incógnitas sobre: ¿quién ostenta la autoridad en nuestras aulas?, ¿a qué punto hemos llegado?, ¿qué es lo realmente necesario para nuestros jóvenes?, ¿cuál es la ruta por seguir? y ¿quiénes son los responsables? Como vemos, son varias las dudas que afloran, mas por espacio y en espera de que por concatenación una respuesta induzca a otra, trataré de enfocarme en la responsabilidad educativa para con nuestros niños, niñas y jóvenes estudiantes. Empezando en casa. La responsabilidad es y debe ser un asunto de todos. Desde la madre, el padre o encargado del joven estudiante; pasando por los profesores, personal administrativo, directores y comunidad en general, debemos mostrar con nuestros ejemplos y actitudes el sendero por seguir por nuestros educandos. Cuando una madre pretende obviar un requisito para que su hijo o hija ingrese, de forma arbitraria y antojadiza, a una institución equis, está enseñando la posibilidad de un mundo sin reglas, en el que podemos guiarnos simplemente por nuestros propios intereses; cuando un padre justifica el desgano o apatía de su progenie en el incumplimiento de sus deberes escolares, está fomentando la irresponsabilidad y el facilismo; cuando un profesor promueve acciones de acuerdo con sus intereses y pretensiones mezquinas, está suscitando el irrespeto a los estudiantes y al sistema en sí; cuando un director, en plena conciencia de sus deberes, declina en la realización de sus acciones en pos de un ordenamiento jurídico y administrativo, está siendo cómplice innegable de provocar los males que en los últimos días han salido a la luz y, con claro cinismo, nos han abofeteado en la cara. Deber de actuar. Los anteriores simplemente resultan pequeños ejemplos en la gran pirámide de instancias y situaciones en las que, como auténticos ciudadanos, tendríamos el deber de actuar en concordancia con los más altos valores humanos, éticos y morales. Mas si es nuestro deseo provocar cambios en las aulas, en las instituciones educativas, en las comunidades y hasta en el país, tenemos la obligación de vernos en el espejo y visualizar la imagen de nuestros verdaderos actos. Las respuestas están dadas; tras las sombras de la indiferencia y la negación, surgirá, con refulgente luz y resonando en nuestras mentes y conciencias las réplicas de: “La responsabilidad es y debe ser un asunto de todos”.
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