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No entiende La Iglesia ha luchado por proveerles una educación sexual integral a niños, niñas y jóvenesCarlos Alonso Vargas Nuevamente, el presidente Óscar Arias apunta sus disparos a la Iglesia Católica, al insistir en que ella debería aceptar el uso del preservativo entre los católicos, con fines anticonceptivos y para prevenir las enfermedades de transmisión sexual. Ha dicho que si se le presenta la oportunidad, le reiterará al papa Benedicto XVI que considere un cambio en la postura católica al respecto. Esa afirmación es muestra de desconocimiento de parte del señor Presidente (vamos a suponer que es eso, desconocimiento, que puede remediarse esclareciendo el entendimiento; y no obcecación deliberada, con la que hay muy poco que se pueda hacer). Imagen tergiversada. Usted no entiende, don Óscar: la postura de la Iglesia respecto a los preservativos no es una cuestión puramente pragmática, en que se podría cambiar con solo abrir un poco la mente y disponerse a lo nuevo. Tampoco depende de que quien esté al mando (el Papa y los obispos) sea conservador o progresista. Diversos medios de comunicación se han empeñado en presentar a Benedicto XVI como un conservador que quisiera echar marcha atrás con las reformas que el Concilio Vaticano II ha generado en la Iglesia —imagen tergiversada de ese gran teólogo de avanzada que es Joseph Ratzinger, impulsor de no pocas de esas reformas—; y parece que don Óscar es de quienes se han tragado esa imagen. Lo del preservativo es más bien una cuestión de principios, donde la Iglesia no puede hacer cambios de fondo porque su postura se sustenta en lo que Dios ha revelado. No es esta la ocasión para adentrarnos en esos principios, pero valga una comparación: ¿Qué haría don Óscar si unos connotados políticos internacionales le propusieran, con razonamientos persuasivos, que considere seriamente la posibilidad de establecer en Costa Rica un ejército, dotado de abundante armamento pesado y hasta, por qué no, nuclear? Claro que don Óscar Arias no va a cambiar, porque es cuestión de principios. Pues aquí estamos hablando de algo parecido. Burdas mentiras. Ya es hora de que los costarricenses empiecen a sacudirse de varios mitos que en las últimas décadas se han impuesto como sentencias incuestionables en el campo de la sexualidad (aunque llamarlos mitos es un elogio: son burdas mentiras). Uno de ellos es el de que la Iglesia obstaculiza la educación sexual para niños y jóvenes; la realidad es que la Iglesia ha luchado por proveerles una educación sexual integral, pero ha chocado contra instituciones e individuos que imponen dogmas genitalistas y carentes de valores. Otro mito es el de que esa supuesta ignorancia sexual es lo que produce embarazos en adolescentes y enfermedades de transmisión sexual: la verdad es que los jóvenes nunca han tenido tanta información sexual como hoy, y es cuando peor están porque en cambio no tienen la formación que necesitan. Y otro mito es el de que repartir preservativos a los adolescentes va a reducir los embarazos no deseados y las enfermedades venéreas… ¡ Señores, si es claro y manifiesto que el preservativo en manos de un adolescente no es sino una invitación, gratuita e ilimitada a la promiscuidad! ¿Que ya muchos adolescentes de todos modos están practicando las relaciones sexuales? Sí, y ese es precisamente el problema; esa es una de las consecuencias de la pérdida de valores en la familia y en la sociedad, y de su creciente alejamiento del cristianismo.
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