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La dignidad y la política

Las cualidades innatas y los esfuerzos particulares dan lugar a las diferencias

Claudio Alpízar Otoya
calpizaro@hotmail.com
Politólogo

Toda criatura humana tiene características particulares que la ubican por encima de todos los seres de la Tierra; igual coincidiremos en la necesidad de que las políticas estatales tengan como objetivo principal el bien común.

Pues bien, en la intersección de ambos conceptos está el éxito de cualquier gestión de política pública, determinada estrictamente por el respeto que demos a la dignidad humana, la que ningún hombre debería perder, sin importar su nivel de pobreza material. El desafío más grande es recuperar la fe en la democracia, la incansable búsqueda de reducir la brecha entre los más ricos y los más pobres, para lo cual debemos anteponer el respeto a esa dignidad humana; es la única manera de disponer de garantía suprema para establecer un justo orden social, que detenga el envilecimiento humano.

Más allá de lo material. No todas las personas poseen los mismos objetivos de vida, tampoco ajustan de igual manera su satisfacción o felicidad a parámetros materialistas como único foco de atención y proyecto de vida; los sueños son diversos y las oportunidades limitadas, en muchos casos. Empero, la necesidad de un trato igualitario en estas últimas, con acceso a la salud y la educación, la importancia de una vivienda digna más que lujosa, el respeto a la espiritualidad y las virtudes humanas, son fundamentales en el trato igualitario que la democracia promulga. Cuando incentivamos una actitud de respeto por los demás, estamos a la vez reconociendo el respeto por nosotros mismos y resaltando los valores absolutos de nuestra propia dignidad, que debe estar valorada más allá de la injusta distribución de los bienes materiales, que en mucho caracteriza a la humanidad.

Todos los individuos en cuanto seres humanos son iguales, y la diferenciación entre unos y otros la provocan las cualidades innatas y los esfuerzos particulares, lo cual hace que se destaquen por determinadas habilidades o logros; esto marca una brecha natural y justa, pero que se amplía desproporcionadamente, provocando discriminaciones, cuando no existen las mismas e iguales oportunidades. La lucha contra la pobreza debe estar fundamentada en dignificar a las personas; es de sobra entendido que la razón de toda política es el servicio al hombre, y que aquellos que dirigen transitoriamente los destinos de la nación deben realizar la función con devoción y servicio social. La pobreza ha existido en todos los tiempos, pero cuando representa más indignidad social que humildad material, el fenómeno se vuelve más doloroso e insoportable, pasando a ser opresión física y moral, ante la paciencia y los ojos indiferentes de quienes se niegan a aceptar su responsabilidad.

Valor del hombre. La Declaración Universal de los Derechos del Hombre de la ONU, así como los instrumentos jurídicos, han permitido fundamentar una conciencia general sobre el valor intrínseco del hombre, exigiendo no solo el derecho a la vida, la libertad y seguridad, sino el derecho a la alimentación, a la salud, a la vivienda, al descanso y al ocio. Por eso las condiciones del desarrollo de las personas deben tener también como meta la búsqueda de la felicidad y el gozo familiar, a la vez promoviendo una verdadera solidaridad, necesaria para un desarrollo armónico nacional –que incluya las zonas olvidadas– y que sin duda ha sido herido y debilitado por el deterioro reiterado.

Es imperativo que enmarquemos dentro de una plena dimensión humana, llena de sensibilidad, el sentido de la vida, que no solo es condicionada en los aspectos materiales y económicos, sino en las virtudes y valores, que no subordinen al hombre a la mezquindad de lo meramente intrascendente.

Es nuestra responsabilidad moral restablecer y reincorporar en la democracia a cada persona, extinguiendo así tanto la explotación como los múltiples abusos contra la muy pisoteada dignidad del hombre; ello nos obliga a desarrollar las políticas sustentadas en los derechos inalienables de los seres humanos.

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