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EDITORIAL

La cuestión vital

Si el cambio de clima inspira temor, el clima humano sobre el valor incomparable de la vida no cambia…
Un doble desafío: perfeccionar los sistemas de seguridad, pero, sobre todo, educar para la vida


La Universidad Politécnica de Virginia fue, anteayer, el escenario de la mayor masacre en una institución educativa en EE. UU., al ser abatidos 33 estudiantes por un compañero en dos ataques, en un lapso de dos horas, en edificios en puntos opuestos en el campus universitario. Muchos estudiantes quedaron heridos por los disparos y por los graves riesgos asumidos para salvarse. La noticia ha conmovido a todo el mundo. Si las muertes violentas golpean los sentimientos más íntimos del ser humano, su incursión en medio del júbilo y la ilusión de la vida estudiantil causa un dolor indecible.

El enfrentamiento entre la cultura de la vida y la cultura de la muerte está inscrito en la historia humana. La reciente experiencia del siglo XX lo ha demostrado de manera tétrica, sin paralelo con otras épocas. Los primeros años del siglo XXI se han encargado de proclamar, por su parte, que el horror continúa. Más bien, los atentados contra la vida, en todos los órdenes y formas, prosiguen su siega espantosa, y el volumen de violencia, en los más variados ámbitos, deja huellas imborrables en la conciencia de los niños y de los jóvenes. El mensaje de violencia y de muerte, así como de degradación del ser humano y desprecio por la vida penetra los hogares, las instituciones públicas, la política, el ambiente total, como información noticiosa, como capítulo de la guerra, como espectáculo cotidiano o como proyecto específico, aun bajo el ropaje de la diversión o de la innovación, sin importar edad o condición social.

Se ha difundido la saga de la muerte en las instituciones educativas desde 1989. Su lectura diagnostica lo que está pasando. Canadá: asesinato de 25 estudiantes y una secretaria de la Escuela Politécnica de Montreal. Asesinato de un estudiante por un adolescente de 14 años en un pueblo rural de Alberta. En Montreal, un hombre vestido de negro asesina a una joven y hiere a 19 estudiantes. Gran Bretaña: asesinato de 16 niños de 4 a 6 años y de su profesora en una escuela maternal de Dunblane por un coleccionador de armas. China: siete estudiantes son apuñalados en dos escuelas de Meitian (provincia de Hunan). En una escuela primaria en Guangdong, un individuo asesina a cuatro niños. En la provincia de Henan, un joven de 21 años asesina a ocho adolescentes y hiere a cuatro. Yemen: asesinato de seis estudiantes con un fusil automático en dos escuelas mixtas en Sanaa.

Estados Unidos: un adolescente de 14 años asesina a tres estudiantes en una escuela de Kentucky. Cinco heridos. Asesinato de cuatro estudiantes y un profesor, a manos de dos colegiales de 11 y 13 años, en Arkansas, después de activar la alarma contra incendios. Una decena de heridos. Asesinato de 12 estudiantes y un profesor, por dos jóvenes de 17 y 18 años, armados de revólveres y de más de 30 bombas artesanales, en Colorado. Los asesinos se suicidaron. En Red Lake, una reserva indígena, un joven dispara contra sus padres y mata a diez personas y hiere a 12 en un liceo. Japón: ocho niños estudiantes mueren acuchillados en Osaka. Alemania: Un exalumno de 19 años del liceo de Erfurt asesina a 16 personas, 12 profesores y dos alumnos. Argentina: Un joven de 15 años asesina a tres alumnos y hiere a cinco en un liceo de Buenos Aires. En Costa Rica, un estudiante mata a un compañero en un colegio en Venecia de Matina.

En suma, las escuelas, los colegios y las universidades, en cualquier parte del mundo, suelen ser blanco favorito de los asesinos, externos o internos. Esta lista necrológica representa un comentario en sí para extraer las consecuencias pertinentes, pues, en una época dominada por la violencia, que se fomenta impunemente, la muerte acecha y hace estragos en todos los ambientes, desde el hogar, con los resultados conocidos, hasta las carreteras y la cúspide del poder, como resultado inherente a la pérdida del sentido de la vida y a toda una maquinaria psicológica, militar, intelectual y tecnológica que conspira contra la vida y contra la dignidad del ser humano. Como colofón, el mercado de armas en EE. UU. y otros países es libre y protegido. En definitiva, si el cambio de clima inspira temor, el clima humano sobre el valor incomparable de la vida no cambia.

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