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Vale la pena estudiar el TLC No vivimos en un mundo estático, sino en un mundo cada día más dinámicoHans G.P. Jansen Economista Senior y Coordinador para Centroamérica Existen dos razones fundamentales por las que el comentario sobre el TLC del Sr. Ottón Solís enLa Nación del 5 de abril de este año justifica una reacción fuerte y una corrección de sus argumentos. Primero, considero la comparación del texto del TLC con el manifiesto Mi Lucha ( Mein Kampf ) de Adolfo Hitler una vergüenza, porque muestra una enorme insensibilidad respecto a los sentimientos profundos que siempre envuelven dicho libro en el mundo en general, y en Europa y las comunidades de judíos en particular. Además, evidencia un gran vacío en el conocimiento histórico de parte del autor respecto a las implicaciones enormes que ha tenido ese libro a escala mundial y los daños humanos irreparables que ha causado. Y no menos importante, es un insulto directo al equipo negociador de Costa Rica del TLC, tratando de mostrar bajo un aspecto desfavorable sus intenciones y debilitar la alta calidad de su trabajo. Segundo, y como cualquier estudiante de conomía en el primer año de sus estudios puede apreciar, los argumentos económicos en contra del TLC, invocados por el autor, son totalmente incorrectos, por varias razones. Una de ellas es que ahora existe amplia evidencia en la literatura económica internacional de que los países que son parte de tratados de libre comercio logran tener un crecimiento económico significativamente más alto que los países que se quedan fuera de este tipo de tratados. Y sin un crecimiento económico sólido sostenido por muchos años, no es posible tener éxito en la lucha contra la pobreza. Aunque eso no quiere decir que el crecimiento económico es una condición suficiente para una reducción de la pobreza (este aspecto ha sido mostrado de manera muy clara por la experiencia costarricense desde el año 1994), por supuesto es una condición necesaria: salvo un cambio radical en la distribución del ingreso, lo cual es muy improbable, la única manera en la cual los pobres pueden ganar más es por medio del crecimiento del tamaño del queque disponible. Consistente con la evidencia a escala mundial, y como parte de un proyecto multiagencial muy profundo sobre el impacto del TLC en los cinco países centroamericanos, del cual tengo el privilegio de ser el co-líder (proyecto CAFTA), un excelente economistacostarricense (¡ojo!) ha mostrado de manera convincente que el TLC incrementa la tasa de crecimiento del PIB en cada uno de estos países, Costa Rica incluido. Otro grave pecado. Por otro lado, es falso el argumento del autor de que un aumento en las importaciones de alimentos desde los EE. UU. es dañino; pues más del 90% de la población costarricense es compradora neta de alimentos básicos como maíz, frijol y arroz (es decir, compra más de lo que que produce) y por eso se beneficiaría de precios más bajos. De hecho, el equipo negociador de Costa Rica ha sido muy cauteloso para evitar una apertura brusca de las fronteras para importaciones de alimentos y en algunos casos (papa, cebolla) ha optado por dejarlos fuera del Tratado, sabiendo que esto representa un costo para el consumidor al negarles acceso a importaciones más baratas. Otro pecado económico bastante grave cometido por el autor es cuando compara la situación de un paísantes ydespués de un TLC, mientras la comparación correcta seríasin ycon TLC. Quisiera recordar al autor que no vivimos en un mundo estático, sino en un mundo cada día más dinámico. En el caso de México y NAFTA, por ejemplo, los análisis económicos hechos de la manera correcta (es decir, comparar la situación actual de México con NAFTA con la situación como hubiera sido sin NAFTA) muestran que se aumentó la tasa de crecimiento económico y que no hubo ninguna reducción en la producción de maíz. Por supuesto, hubo grandes diferencias regionales respecto al grado de aprovechamiento de NAFTA y también se incrementó la migración hacia de los EE. UU., especialmente de gente con pocos recursos económicos. Pero quisiera argumentar que muchos de estos emigrantes eventualmente logran vivir mejor en los EE. UU. de lo que hubiera sido posible en su país de origen. Respecto a Costa Rica, aislarse del resto del mundo nunca ha sido una opción y por supuesto el camino del desarrollo económico que hemos vivido en este país en los últimos años muestra que la población costarricense está muy consciente de este hecho. Crítica sin soluciones. Por último, criticar siempre es mucho más fácil que solucionar, y me parece que en el comentario del autor sobra lo crítico, pero faltan las soluciones. Ya está claro que la no ratificación del TLC tendrá un costo muy alto: por ejemplo, ¿el autor tiene una solución para las comunidades de Asserrí, Poás, San Ramón, Grecia y Palmares donde se concentra la industria textilera del país y donde cada día más gente pierde su trabajo? Por otro lado, quisiera enfatizar que soy muy consciente respecto al hecho que el TLC no solo tiene beneficios, sino, también, lleva sus costos. No toda la sociedad civil va a poder aprovecharse de manera igual del TLC y habrá ciertos grupos cuyos medios de vida corren peligro como resultado de su eventual ratificación. Ayudar a los grupos vulnerables es la responsabilidad del Estado y por eso se ha desarrollado la famosa agenda complementaria. Sin embargo, la tarea pública va más allá: dada la escasez de los recursos públicos, priorizar los gastos del Estado, de tal manera que tengan un mayor impacto sobre el bienestar de la gente pobre, es fundamental. Desafortunadamente, e igual como en los otros países de la región centroamericana, en este momento no existe un sistema que permita calcular el impacto sobre la gente pobre de inversiones públicas alternativas (“tasas de retorno sociales”). En el proyecto CAFTA mencionado anteriormente estamos desarrollando un tal sistema y analizamos el impacto de políticas alternativas respecto a la asignación del gasto público. Tenemos buenas esperanzas de que los resultados puedan servir como insumo importante a la definición más exacta de las agendas complementarias, contribuyendo así al bienestar de la gente pobre. Un consejo al autor para cerrar: basado en experiencia propia, déjeme asegurarle que sí vale la pena leer y estudiar el texto del TLC en detalle, para entenderlo mejor y poder discutirlo en un nivel que merece. Instituto Internacional para la Investigación de Políticas Alimenticias (IFPRI)hjansen@ruta.orghttp://www.ifpri.org/Themes/camerica/camerica.htm
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