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Antes de hacer las maletas El tratado con la Unión Europea exige primero un diálogo con nuestra poblaciónVelia Govaere Vicarioli Especialista en Comercio Internacional Los equipos técnicos de Costa Rica preparan las maletas. La agenda señala la cercanía de la negociación de un novedoso Tratado de Asociación con la Unión Europea. Desde mediados de los ochentas, el comercio, tanto con los Estados Unidos como con Europa, se enmarcó en sistemas unilaterales de concesiones comerciales, conocido uno como la Iniciativa para la Cuenca del Caribe (ICC) y el otro como el Sistema Generalizado de Preferencias (SGP). Ahora que ambos esquemas unilaterales llegan a su fin es obvio que necesitamos consolidar sus oportunidades con seguridad jurídica bilateral. Hasta ahí llega lo obvio. Eso significa que debemos iniciar un diálogo, antes que con nadie, con nuestra propia población, a pesar, o más bien, precisamente, por el clima político y social todavía enrarecido por el TLC. Costa Rica fue el país que menos ayuda directa recibió y el que mejor aprovechó las oportunidades comerciales con ambos mercados, con un volumen de exportaciones, tanto a Estados Unidos como a Europa, de igual o mayor valor que el resto de todos los demás países centroamericanos juntos. Eso significó que en 2002 se amenazó con excluir a Costa Rica del apoyo comercial europeo, con el razonamiento de que nuestro aprovechamiento revelaba que ya no necesitábamos de él. Esa forma de castigo al éxito se repite, de nuevo, en las políticas de acceso al mercado frente a los productos agrícolas. El SGP otorga libre acceso cuando los bienes agrícolas exportados son productos directos de la tierra, pero cada mínimo elemento de valor agregado es sancionado con aranceles de importación. Quien produce cacao puede exportar a Europa sus semillas, sin pagar aranceles. Pero tendría que pagar impuestos de entrada a Europa, si se asocia con inversionistas y juntos ponen una planta de mantequilla o licor de cacao, que es materia prima de la industria del chocolate. Esta política penaliza precisamente los procesos de encadenamiento y producción de valor, base misma del desarrollo económico, y fomenta el aislamiento de los agricultores nacionales, desvinculándolos del desarrollo industrial de sus propios países. La exportación se convierte, de esa manera, en un desestímulo a industrializarse. El impacto de este “castigo” es proporcional al grado de desarrollo de la complejidad productiva de cada país. Costa Rica necesita hacer valer sus propias necesidades de ampliación de su valor agregado, porque tiene una oferta exportable de más de 3 500 productos, frente a un promedio de apenas 500 en los otros países centroamericanos. Temas de cooperación. Las discusiones del Tratado de Asociación van a incluir temas de cooperación. En este campo debemos recordar que Nicaragua ha recibido el 30% de la ayuda directa de la cooperación europea, mientras Costa Rica ha contado solamente con poco menos del 8%. Se comprende que Nicaragua tiene mayores necesidades y eso está bien, pero se ignora, y eso está mal, que Costa Rica corre sola con el peso de los servicios sociales, educativos y de salud de la población inmigrante, cuyo bienestar contribuye a aliviar las tensiones sociales en Nicaragua. La población de Costa Rica necesita que quienes la representan en las negociaciones frente a la Unión Europea hagan valer el propio papel diferenciado de nuestro país en los procesos reales del desarrollo económico y político de Centroamérica. Cuando, en 2002, se amenazaba con excluir a Costa Rica del SGP, se olvidaba que las oportunidades comerciales para Costa Rica eran también instrumentos para apoyar a la población de inmigrantes nicaragüenses, que son la fuerza laboral decisiva en la producción de las frutas que exportamos a Europa. Era contradictorio dar aportes monetarios directos a Nicaragua y amenazar la estabilidad laboral de la población nicaragüense en Costa Rica, de la misma forma que sigue siendo contradictoria la preocupación por los procesos de cambio democrático en Nicaragua, mientras se ignora el rol de Costa Rica en esos cambios. La negociación con Europa contiene elementos políticos, que incluyen la participación de Costa Rica en procesos que exigen una homogeneidad política y jurídica que no existe todavía entre los países centroamericanos y nosotros. Costa Rica debe dejar claro hasta dónde quiere llegar. Difícil es decir si en la incomprensión de Europa no existen problemas de comunicación de la parte costarricense. Por eso, tanto con nuestra población como con nuestros hermanos centroamericanos, debemos establecer un diálogo que comunique con claridad nuestra propia especificidad nacional, dejando claros los objetivos que perseguimos y los peligros que corremos con el futuro Tratado de Asociación con la Unión Europea. Pero, sobre todo, esta vez, antes de hacer las maletas, comencemos por hablar entre nosotros, no sea que después nos encontremos con una población que no acepta o no entiende plenamente lo que se firma en nombre de ella. El frío está en el clima, no en las cobijas.
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