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Ilusiones perdidas Franz Vega Zúñiga Médico forense y abogado No hablan, no recuerdan, no cuentan, no lloran, no dicen, no reclaman, ya no sienten y ya no miran... sus ojos están fijos, su mirada perdida, como buscando una respuesta que nunca hallarán, como pretendiendo disociarse de este mundo malvado, de adultos inescrupulosos, con deseos morbosos y ansias de placer, de satisfacer el más impuro de los impulsos: robar la inocencia a un ángel, a la mayor expresión de pureza que la raza humana produce: una niña, un niño. Ella,María, yace en mi oficina, ensangrentada, sin entender qué le pasó, no recuerda o no quiere recordar. Porta una manta que fue blanca y que ahora, carmesí, cubre sus genitales, desgarrados hace escasas horas como consecuencia del más atroz de los delitos: la agresión sexual a un niño o niña. Autoprotección. Cuidadosamente, la examino. Su madre, apoyándola, le habla, pero sigue perdida en su entorno. Ahí donde se refugia está mejor, ahí nada le pasará, ahí adentro no recuerda, ahí todo es paz. Su pequeño, flácido y endeble cuerpecito está con nosotros pero, aunque vivirá, su alma se esfumó, en su mirada se lo noto, aun incluso, si ellobo volviera, ya no se daría cuenta, ya no siente, ya no. Ahora, con detenimiento, procedo a examinarla y a recabar la prueba forense, con mucho cuidado separo sus genitales y observo los tejidos desgarrados por la acción penetrante de un cuerpo de diámetro mayor al que lo contiene. Pese a todo mi esfuerzo para evitarle más sufrimiento, espero su lógica reacción dolorosa, pero no, no se queja. Preocupado, desde el extremo de la camilla levanto la vista para ver su expresión: de nuevo percibo una sensación que me quema el alma al ver sus ojos vacíos, mirando sin mirar, como sin vida, ella está con nosotros pero no está, continúa autoprotegiéndose en su esfera de cristal, aunque continúa tan vulnerable como antes, desde ahí, está “segura” de que nada le ocurrirá. Despertar. Para la reparación quirúrgica de sus lesiones, la refiero al Hospital de Niños; sin duda, estará bien atendida, pero, también sin duda, saldrá de su esfera de cristal y recordará lo que ocurrió. Cómo le explicaremos, cómo se le dice a una niña de 6 años que un desalmado le robó su infancia, que le quitó la paz a su familia para siempre, que ella sigue siendo pura, que no es culpable de lo que le ocurrió, que la virginidad es un constructo social, que no tiene importancia (o no debería tenerla), que las mujeres no se miden (o no deberían de medirse) por su vida íntima, que ella al igual que todas y cada una de las mujeres son seres humanos maravillosos que merecen el respeto de nosotros los varones y que la Justicia hará su mejor esfuerzo para no dejar impune su dolor.
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