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Los círculos de Chávez La Constitución bolivariana, aprobada en 1999, abre puertas a la manipulación políticaEduardo Ulibarri eulibarri@amnet.co.cr Periodista El proceso de construcción autoritaria de Hugo Chávez ha avanzado, hasta ahora, mediante un sucesivo control, neutralización o destrucción de distintos ámbitos de influencia y poder en Venezuela. Comenzó por los más débiles, desprestigiados y distantes, pero ya ha alcanzado a los más duros y cercanos. Aunque la marcha ha resultado lenta, errática y contradictoria, tiene una “lógica” clara; incluso, una imagen que la refleja: la ocupación de distintos círculos concéntricos, en una marcha desde la periferia hacia el centro. Sucesivas embestidas. El inicio fue una embestida contra el anillo más erosionado. En las elecciones de 1998, Chávez arrebató con facilidad el Ejecutivo y parte del Legislativo a los actores políticos tradicionales; aquellos que construyeron la moderna democracia venezolana, pero que también la carcomieron desde la corrupción. En ese momento era indispensable jugar con las normas democráticas vigentes. Su “Constitución bolivariana”, aprobada de forma impecable en 1999, incluyó una serie de elementos que no se alejaban mucho de esas normas; sin embargo, introdujo otros que abrían la puerta a la manipulación política. Así, el exgolpista ocupó otro relevante círculo concéntrico, esta vez, de índole institucional. Los seis años que siguieron a partir del 2000, tras su elección bajo el nuevo orden, fueron un avance sucesivo en el ahogo de los sectores independientes y la ampliación del control autoritario. Entre sus hitos estuvieron el dominio del enclenque Poder Judicial, la invención de un órgano electoral subordinado, la presión sobre sindicatos, universidades, partidos, medios de comunicación, gobernaciones y alcaldías en manos opositoras. El fracaso del golpe en su contra y su posterior triunfo –amañado, pero a la vez legítimo – en el referéndum revocatorio de 2004, fueron momentos culminantes en el fortalecimiento de Chávez y el virtual colapso de sus adversarios. Luego vinieron los comicios parlamentarios de diciembre de 2005. Los opositores rehusaron participar por la ausencia de garantías y los grupos afines a Chávez se adueñaron totalmente del Congreso. Salto cualitativo. Para las elecciones presidenciales de 2006, la oposición logró un grado de unidad y movilización ejemplares. Sin embargo, la contundente reelección de Chávez, cabalgando sobre el festín petrolero, dio nuevo ímpetu a su plan dictatorial. Siguieron entonces la decisión de no renovar la licencia a Radio Caracas Televisión (RCTV), anuncios de nacionalizaciones y la “Ley habilitante”, para permitirle legislar por decreto durante 18 meses. Desde este nuevo y más cerrado círculo de poder, Chávez dio uno de los mayores saltos “cualitativos” en su proceso de control: por primera vez desde 1998, arremetió frontalmente contra cercanos aliados. Primero fue la sustitución de José Vicente Rangel como vicepresidente, no por falta de lealtad, sino por algunos aires de independencia. Pero el mayor golpe ha sido la constitución del llamado Partido Socialista Unido de Venezuela, para eliminar la identidad a los distintos grupos que lo apoyaban hasta ahora, y ponerlos bajo su mando y disciplina únicos. La mayoría aceptó, pero otros se han negado a desaparecer, entre ellos, los comunistas y Podemos, que se autodefine como de izquierda democrática. En este contexto, se produjo la amenaza del ministro de Economía, Pedro Morejón, contraÚltimas Noticias , diario benévolo con Chávez, y su director, el excomunista Eleázar Díaz Rangel, un fiel, aunque distante, aliado presidencial. El motivo: una serie de denuncias de corrupción en el manejo de contratos con empresas iraníes. La agresión contra RCTV, aunque claramente dictatorial, no sorprendió: ha sido el medio más militante contra Chávez. No obstante, la arremetida contra el más cercano de los periódicos independientes sí es parte del nuevo rumbo, orientado a la disciplina estricta dentro de estructuras cuasitotalitarias. ¿Tendrán Chávez y sus apéndices la capacidad para concluir este asalto al corazón mismo de su anterior círculo de poder? Por desgracia, la respuesta más realista es que sí. La otra gran pregunta es si habrá posibilidades de que los nuevos marginados por ese ataque y los tradicionales opositores puedan crear opciones de organización que les permitan coordinar su estrategia, para evitar el control definitivo sobre lo poco que queda de democracia. De esto dependerá lo que suceda en los próximos meses.
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