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Ignominia patria

Don Juanito decidió entregarse para salvar a sus correligionarios del cadalso

Tomás F. Arias Castro
toarca@costarricense.cr
Abogado

Al conmemorar hoy una de nuestras efemérides más gloriosas, como lo fue la jornada épica del 11 de abril en la ciudad de Rivas, en la que con la tea de un tamborcillo alajuelenseconquistaron tus hijos, labriegos sencillos, eterno prestigio, estima y honor, debemos reflexionar acerca del destino trágico de las dos principales figuras que dirigieron a nuestras huestes, tanto en esta batalla aprilia en particular como en la Campaña Nacional en general: el presidente don Juan Rafael Mora Porras y el general José María Cañas Escamilla.

Así, como si de las elucubraciones trágicas de Esquilo surgiese, y después de dar a Costa Rica su página más brillante , don Juanito fue arrestado a las 3:30 a. m. del 14 de agosto de 1859, cuando el militar Sotero Rodríguez lo detuvo por órdenes del coronel Lorenzo Salazar (comandante del Cuartel de Artillería) y el mayor Máximo Blanco (comandante del Cuartel Principal), los cuales decretaron el término de su mandato, el nombramiento del Dr. José M. Montealegre F. como presidente provisorio y el extrañamiento de Mora del territorio nacional junto al general Cañas E. y su hermano el general José J. Mora Porras (estos últimos, émulos en 1856 y 1857 de Milcíades en Maratón, Leónidas en Termópilas y Aníbal en Cannas), decreto infausto que se cumplió el 19 de agosto, cuando partieron a El Salvador, a bordo del barco “Guatemala”.

Fracaso y heroísmo. En septiembre de 1860 y ante el clamor de cientos de ciudadanos, don Juanito, su hermano y Cañas prepararon una revuelta para recuperar el poder, pero sus detalles fueron revelados, por un acto de traición, a don Vicente Aguilar C. (enemigo acérrimo de Mora y secretario de Hacienda y Guerra), quien ordenó el envío de un contingente militar a Puntarenas (lugar de inicio de la revuelta), comandado por el general Máximo Blanco, don Francisco Montealegre (primer designado del gobierno) y don Francisco M. Iglesias (secretario de Relaciones Exteriores).

En nuestra perla del Pacífico y ante la superioridad de las tropas de Gobierno, casi todos los hombres de Mora fueron masacrados, teniendo don Juanito que refugiarse en la casa del cónsul inglés Richard Farrer y el general Cañas en el consulado de Colombia. Ello hizo que el ministro Iglesias enviase una misiva a Mora, en la que le prometía:La vida de U. salva de la muerte a muchos de los suyos (...) si U. se presenta (...) será ejecutado tres horas después, los demás se salvarán y tendrán gracia”.

Ante ello, don Juanito , en un acto que terminó de revestirlo de gloria, decidió entregarse para salvar a sus pocos correligionarios del cadalso, siendo condenado por un Consejo de Guerra integrado por el general Blanco, el general Florentino Alfaro, el coronel Pedro García y los ya mencionados Montealegre e Iglesias (estos últimos tres designados como generales ad hoc). Así, el domingo 30 de septiembre de 1860, a las 3:00 p. m. y en un sitio del estero conocido como Los Jobos, don Juanito fue fusilado por un pelotón, cuyos integrantes, según los testimonios, lloraban amargamente al disparar sus armas.

Traición y herencia. Pero como las palabras suelen ser tan efímeras como las intenciones, la promesa hecha a Mora fue incumplida, pues un consejo de Gobierno, encabezado por el presidente Montealegre y el secretario Aguilar, decidió la ejecución del general Cañas, siendo que a las 9 a. m. del 2 de octubre de 1860 y en el mismo lugar de la execrable muerte de Mora, se rindió “tributo y agradecimiento” al glorioso militar, fusilándosele de la manera más vergonzosa.

Hoy, se yergue en el sitio del cuasimagnicidio un monumento (erigido en la administración Tinoco Granados, el 8 de diciembre de 1918) en la esquina sur-oeste de la llamadaPlaza Mora y Cañas , que, a pesar de su abandonado y lamentable estado, invita a reflexionar acerca de la impronta indeleble de estos dos próceres, a los cuales Costa Rica debe y deberá tanto y cuyos decesos ocupan la página más ignominiosa de nuestra historia patria.

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