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EDITORIAL

Una realidad tangible

Los efectos del cambio climático ya se sienten y crecerán con rapidez
La seriedad del desafío hace urgente la acción internacional coordinada


Los efectos del calentamiento global, en los ecosistemas y los seres humanos, han dejado de ser una posibilidad ineludible. Se han convertido ya en una realidad incontrovertible, con consecuencias que se pueden palpar, que tienden a multiplicarse y que, en su diversidad de facetas, tienen un gran elemento en común: perjuicios generalizados –con muy pocas excepciones –, pero centrados en las regiones y personas más pobres y vulnerables del planeta.

A esta conclusión llegó, con base en sólidas pruebas y centenares de estudios, el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), un grupo de destacados científicos constituido por las Naciones Unidas en 1988 y que, desde entonces, ha monitoreado con gran rigor la evolución climática del planeta. Su informe, dado a conocer el pasado viernes en Bruselas, es el segundo que el grupo emite este año. El primero, divulgado en febrero, examinó en detalle la evidencia de que, en efecto, el planeta está en proceso de calentamiento, principalmente por la acción de los seres humanos. El más reciente analiza las consecuencias presentes y futuras de ese cambio, mientras otro, previsto para mayo, se centrará en las opciones para limitar las emisiones de gases con el llamado “efecto invernadero”, especialmente el monóxido de carbono, que se produce al quemar combustibles fósiles.

Entre los efectos previstos a corto plazo por el proceso de calentamiento global están la posibilidad de largas sequías en Europa meridional, el Cercano Oriente, África Subsahariana, el suroeste de Estados Unidos y el norte de México; la proliferación de plagas y enfermedades contagiosas, al reducirse los inviernos y sobrevivir microorganismos que antes eran aniquilados por los largos y profundos fríos; la desaparición de islas y de amplias zonas costeras, por el aumento en el nivel de las aguas marinas, y la extinción de múltiples especies, tanto terrestres como acuáticas, incapaces de resistir los cambios en las temperaturas de sus hábitats. Es decir, un verdadero desastre ecológico, con consecuencias directas para los seres humanos. Se estima, por ejemplo, que en las islas y costas que podrían desaparecer al crecer el nivel del mar, sobre todo en Asia, viven centenares de millones de personas, la mayoría pobres.

En cuanto a los pocos efectos positivos previsibles, se hallan la posibilidad de extender la agricultura a regiones de elevada latitud; por ejemplo, el norte de Estados Unidos o de Europa, e incluso en Siberia, así como la apertura de rutas marítimas más cortas, a través del Ártico. Pero se trata de ganancias menores, en comparación con los efectos negativos. Una frase de Rajendra K. Pachauri, presidente del IPCC, fue sumamente fuerte al evaluar el impacto del proceso: “Son los pobres de los pobres en el mundo, y esto incluye a la gente pobre incluso en las sociedades prósperas, los que van a recibir el peor impacto. La gente que es pobre está peor equipada para adaptarse a los impactos del cambio climático; por tanto, en gran medida, esto se convierte en una responsabilidad global”. Por su parte, Martin Parri, uno de los coordinadores del grupo que escribió el informe, afirmó que “ya no estamos jugando con modelos. Lo que tenemos es información empírica, sobre el terreno”. Más serio aún, mucha de esta información empírica sugiere que los efectos podrían no ser lineales; es decir, que las tendencias negativas se podrán acelerar en los próximos años.

No hay duda de que la humanidad se enfrenta con un serio desafío, que demanda respuestas globales concertadas. Una de las buenas noticias es que Estados Unidos, hasta ahora reacio a asumir compromisos y colaborar en los esfuerzos para reducir la emisión de gases con efecto invernadero, ha tenido una posición mucho más constructiva, de cara a los nuevos hallazgos. Pero otros importantes países –especialmente China, segundo emisor mundial de monóxido de carbono – se niegan a asumir compromisos. La ventaja de los informes emitidos en febrero y abril por el IPCC y, seguramente, del que vendrá el próximo mes, es que, a partir de hechos incontrovertibles, fundamentan la urgencia de la acción. He aquí una gran causa internacional para poner a prueba la verdadera responsabilidad de las naciones y líderes del mundo.

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