 Presidente ecuatoriano Rafael Correa
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QUITO (AFP) -
El presidente de Ecuador, Rafael Correa, quien sujetó su permanencia en el poder a un triunfo del plebiscito constituyente de este domingo, impuso en tres meses el estilo "C" de gobierno: carisma, confrontación y cambio.
El economista de 44 años, quien llegó a la presidencia venciendo al hombre más rico de Ecuador sin el apoyo de los partidos políticos, gobierna con un estilo propio que seduce la ciudadanía, asusta a la oposición y desconcierta a la prensa.
"Correa ha tenido una actitud muy confrontacional y sobre todo ha querido hacer rápidamente las cosas para tener un efecto inmediato", dijo a la AFP Simón Pachano, analista de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO).
La velocidad con la que ha hecho las cosas es evidente: Una decena de decretos de emergencia firmados para liberar recursos en todos los sectores, múltiples proyectos en marcha, reorganización de ministerios y la aprobación de una consulta en tres meses.
Apoyado en su carisma, Correa también ha podido prolongar la luna de miel con el electorado. Su popularidad se ubica en el 70%, según varias encuestas.
Siempre sonriente, el mandatario aún es vitoreado en sus desplazamientos, en los que reparte saludos, abrazos y besos a granel labrándose una fama de galán y seductor que explota la prensa rosa.
Pero a esa calidez contrapone un fuerte temperamento que saca a diario de casillas, en especial con la prensa. Aun cuando la critica con dureza llamándola "mafiosa, mediocre, corrupta", Correa es visto como uno de los mandatarios más mediáticos.
"Como todos los presidentes, sueña con una prensa lisonjera, y como no la tiene al menos la utiliza", indicó uno de sus asesores que habló bajo reserva.
Correa engloba toda su gestión en la palabra cambio. Al menos es la que más repite en sus discursos enfatizando que el gobierno cambiará desde el modelo económico hasta la Carta Política privilegiando el que llama socialismo del siglo XXI, que también promueve su aliado venezolano Hugo Chávez.
Sus burlas y ataques contra los periodistas y la oposición le han valido fama de soberbio, al extremo que la derecha lo compara con "un déspota ilustrado" que sueña implantar un modelo autoritario que le rinda culto a su persona.
En opinión de observadores, Correa pareciera respetar únicamente a las clases campesinas, obreras e indígenas que lo alzan en hombros cada vez que sale a declararse como "su mandatario" desde el balcón presidencial.
"Esta es quizá su característica más propia: no considerar la intermediación. Correa quiere una relación directa, plebiscitaria, con la ciudadanía sin que de por medio esté la prensa, el Congreso, los partidos políticos", estimó Pachano.
Correa recibe a diario a delegaciones de todas partes y orígenes y en más de una ocasión, con micrófono en mano, ha incentivado a las marchas de estudiantes e indígenas que antes de su llegada al poder eran repelidas cuando se acercaban al palacio presidencial. Hoy son sus visitantes más asiduos.
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