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La neocorrupción

Los neocorruptos bloquean las reformas y deslegitiman los resultados electorales

Jorge Walter Bolaños

Hemos sido testigos en el pasado, de la forma más típica de corrupción que es aquella en que alguien recibe y toma dinero de otros. Este se beneficia, y aquel se perjudica.

Cada vez más, aquí y allá, estamos viendo ahora una nueva forma de corrupción más temible y dañina que aquella, que es la corrupción política, consistente en que los neocorruptos realizan ciertos actos con los cuales se benefician y todo el pueblo se perjudica y empobrece. Y digo aquí y allá, pues no solo en este país se ven sus signos externos, sino en varios países de la región.

¿Cuáles son esos signos externos y cómo se puede identificar a esos neocorruptos? Un tema muy usual usado por el neocorrupto es el uso irreverente del término democracia para encubrir su búsqueda de la insurrección y la parálisis que empobrece a nuestros pueblos con su llamada democracia participativa. Usan el término democracia participativa, como sinónimo de toma de la calle, bloqueos, uso de la fuerza, privación de las libertades, en fin todo aquello que sea necesario para crear el caos, justificar la insurrección y deslegitimar la única democracia legítima, la representativa. También los neocorruptos usan el término democracia argumentativa para cobijar la práctica perversa de que el demócrata legítimo, tenga que argumentar por siempre o hasta que al neocorrupto le dé la gana aceptar su argumento.

El uso del bloqueo y la calle que hacen los neocorruptos, y los que tontamente sin serlo les siguen, significa ni más ni menos haber impuesto a un país la dictadura de la incapacidad, pues solo incapacidad puede tener quien requiere de la fuerza y la privación de los derechos de otros para hacer valer sus malsanos propósitos y privarnos a todos del desarrollo y del avance, sumiéndonos cada vez más en la pobreza.

Aquellos neocorruptos que reciben jugosos aportes de Irán, Venezuela y Cuba por su labor, dicen ser amantes de las instituciones estatales; sin embargo, no pagan impuestos ni contribuciones sociales por esos jugosos ingresos.

Contra resultados electorales. Otra nefasta manifestación de la neocorrupción es la práctica de pretender anular y desconocer los resultados electorales. Hoy en día somos testigos de un obstinado candidato perdedor en otro país que tiene hasta un gabinete en operación. Esta obstinación no es en beneficio de un candidato o un partido. Es simple y llanamente una campaña malévola para deslegitimar las elecciones, para deslegitimar el voto, y para deslegitimar nuestra libertad de elección. La dictadura de la incapacidad ha definido como su principal propósito, el destruir la libertad y a toda costa financia y propicia en el país meta, cualquier acto que vaya en esa dirección, en muchas ocasiones encubriendo su intención bajo el lema de que el tema es ideológico.

Es claro que la neocorrupción buscará más y más el financiamiento a los candidatos perdedores que se presten a ese juego, pues es una forma efectiva de deslegitimar al presidente en ejercicio y con ello lograr la inacción publica.

El lograr que un sistema democrático no pueda actuar, es el fin último del neocorrupto y por ello es que movimientos desestabilizadores y fuerzas externas, financian y propician el caos y la parálisis para luego sacar provecho. Para el que recibe este financiamiento perverso, esa forma de corrupción le es necesaria pues recibe mayores ingresos si el daño que cause es cada vez mayor. No se crea, la neocorrupción también tiene su eficiente sistema de premios y castigos.

El neocorrupto solamente entiende la democracia si el voto le favorece; de lo contrario, la democracia le es abominable. La libertad de expresión es entendida por el neocorrupto, solo en el sentido de que le favorezca. Si se le critica, pues no debe existir tal libertad. Deslegitimar la Constitución, las leyes, las instituciones, los poderes de la República, son los más claros ejemplos de la neocorrupción que nos lleva por la parálisis, el detenimiento, la ingobernabilidad y que provoca la pobreza colectiva.

Decir que no. El neocorrupto usa también otras tácticas como esperar a que el diligente político o esforzado administrador público presente sus planes y propuestas para simplemente oponerse y decir que no. O más grave, espera el esfuerzo de quien toma la iniciativa para luego decir que se requiere de otro proyecto o que simplemente ese no es un proyecto inteligente. Es la famosa táctica de la deslegitimación del sistema democrático y en consecuencia la parálisis. Otros neocorruptos llegan a los Congresos a decir que se requiere más tiempo para el análisis, lo cual es corrupción por partida doble. Si es que lo hacen para no trabajar, están robando el salario que se les paga por hacer su labor. Si es que no entienden los proyectos, no deberían haber aceptado sus puestos por no poseer la capacidad para esos cargos.

Esta táctica de la deslegitimación de los patriotas y la búsqueda de la parálisis colectiva es lo que ha creado en toda la región el sentido de la ingobernabilidad, y el reclamo de que se debe hacer algo. Y el neocorrupto vuelve a su corrupción por partida doble pues va a la calle a protestar y crear el caos, por lo que el mismo ha causado con su táctica corrupta.

Nuestro país posee una gran riqueza intelectual y económica, y la pobreza que nos agobia es solamente el resultado de la dictadura de la incapacidad. Tenemos que comenzar a identificar esas nuevas formas de corrupción y denunciar en la medida de lo posible las jugosas entradas que financian tales movimientos de conspiración y antidemocracia. Los pobres no se merecen las consecuencias del empobrecimiento que los neocorruptos han causado.

Los partidos políticos que se enorgullezcan de serlo, no deberían contar con códigos de ética que solo penalicen los actos superficiales y de poca monta, y no critiquen y persigan a la neocorrupción que es la que nos empobrece a todos en beneficio solo de la riqueza de esos pocos neocorruptos.

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