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Población y pobreza

La baja natalidad frena la innovación y se convierte en un problema

Federico Ortolá
federicoortola@gmail.com
Economista

Hayek, premio Nobel de Economía, afirmaba: “No es cierto que el aumento de la población conduzca al empobrecimiento. No tenemos ningún ejemplo de la historia que lo compruebe... No se conoce ningún caso en que el aumento demográfico haya conducido a un empobrecimiento de las personas que ya existían”. Otro premio Nobel de Economía, Gary Becker, escribía el pasado 1 de septiembre en The Wall Street Journal que la baja natalidad frena la innovación y se convierte en un problema.

Paradigmático es el caso de Taiwán que entre los años 1964 y 1973 creció demográficamente a una tasa catastrófica para muchos, el 2,7% anual. En ese mismo período el ingreso per cápita creció un 203%, el ahorro neto, el 796%, el PIB, el 260% y el valor de sus exportaciones, el 1040%. España en los años 60 se encontraba en pleno baby boom y, sin embargo, el país se situó entre los del Primer Mundo.

La baja natalidad en la Unión Europea está llevando a un estancamiento económico, a un futuro incierto para las pensiones y a unas tasas de crecimiento muy inferiores a las de los países emergentes. No se ha llegado al colapso económico gracias a la fuerte inmigración que sostiene el sistema. En China se inician las primeras tensiones porque empieza a escasear la mano de obra, antes abundante.

Evidentemente la única variable que influye en el crecimiento económico no es solo el crecimiento poblacional, existen otras. Basta ver el Líbano que fue la economía más prospera de la zona y que se hundió por la guerra, o Costa de Marfil que retrocede lacerada por los conflictos internos.

Hoy en día están superadas las teorías que afirmaban que la economía es como un pastel escaso que hay que repartir entre todos. En la economía actual se es consciente de que el pastel se puede hacer más grande y que todos pueden disfrutar de un pedazo mayor. Los que ven el crecimiento de la población como el gran enemigo del progreso económico y del bienestar y que lanzan campañas de control de la población como la gran solución al problema de la pobreza huyen del verdadero remedio. Altos niveles de educación unido a altos crecimientos de población es un cóctel económicamente muy rentable.

Cada persona es un bien para la sociedad: posee una gran capacidad creativa e innovadora y, por tanto, una gran capacidad de poner esos talentos al servicio de su familia y, como consecuencia, al servicio de la sociedad. Es imprescindible dotar a las personas de unos altos niveles de educación, se nece- sita una mayor inversión, cohesionar las familias en torno a la idea de que la mejor inversión está en la educación de los hijos y facilitarles los medios para que lo puedan conseguir. Esta solución, más difícil, es infinitamente más eficaz: lima desigualdades sociales, reduce la pobreza, potencia la riqueza de un país y el bienestar de las personas. Eso sí, obliga a trabajar, esforzarse y pensar más, tanto a nivel político como personal.

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