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Ojo Crítico Rodolfo Cerdas S iglo XX cambalache se llama ese tango nacido del horror, la violencia y los grandes logros del siglo, donde dio lo mismo ser un burro que un profesor. En él los intelectuales tuvieron una gran responsabilidad por su silencio y complicidad. Pero temo que no aprendieron la lección. Lejos de adoptar una actitud crítica y digna ante los crímenes ideológicos y políticos, son legión los que tratan de congraciarse con el poder, recoger sus migajas, obviar las violaciones a los derechos humanos, el cercenamiento de la libertad de los otros y deleitarse con ese narcismo que tan bien les administran los técnicos del poder, con premios, viajes y gollerías. La historia vuelve a repetirse y vemos a los amos del poder, como en los años treinta, erigirse en jueces supremos de la verdad, decretar prestigios y famas y decidir a quién debe premiarse y a quién no, mientras, como entonces, una gran cantidad de disidentes padecen en las mazmorras, se castiga la crítica al sistema, el líder impone su pensamiento único y se impide cualquier signo de libertad. En tanto el pueblo, hambreado, manipulado y neutralizado por un aparato represivo excepcional, es obligado a callar y sobrevive apenas ante una dictadura que piensa y decide por él, ondeando cínicamente ante sus ojos las banderas de la democracia socialista. Es esa farsa lo que aplauden o, al menos, lo que disimulan y callan esos intelectuales autoproclamados “conciencia viva de la sociedad”. Así ocurrió con las miserias del sistema soviético, hasta que la estafa salió plena a la luz. Se confirmó lo que se sabía y cínicamente se negaba: la masacre de Katyn, el horror de la colectivización, la monstruosidad de los juicios del 36 y el 38, la entrega de dirigentes comunistas alemanes por la KGB a los nazis, el Gulag, etc. Al caer, los pontífices del dogma y la mentira resultaron ser los capitalistas de hoy. Simulando sorpresa, los neoprogres fingen descubrir lo que ya se sabía y callaron, y pretenden engatusarnos con los restos insepultos del socialismo real como la gran novedad histórica y nueva promesa de salvación. No, muchas gracias. Antes de que continúen: ¿dónde está su crítica de esa terrible experiencia? ¿Cómo justifican la misma idolatría ante el mismo fetiche e idéntico silencio ante crímenes iguales? Su conducta resulta más criminal hoy, porque ese ayer les marca sus frentes; sus manos son más pordioseras porque recogen las gastadas limosnas del poder que, en un pasado demasiado reciente, acallaron también la conciencia de tantos intelectuales, con aplausos y canongías.
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