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El comentario del Evangelio: ¡Hoy es la victoria de Cristo! Ningún evangelista narra la resurrección en sí misma. Todos, en cambio, describen la tumba vacía en la mañana de Pascua y nos van dando noticias de las apariciones que se suceden, una tras otra. Los hechos que contemplamos empiezan en la madrugada del domingo y nos narran la experiencia de María Magdalena y otras mujeres. Ella, sorprendida y a la vez deseosa de comunicar lo acaecido, corre presurosa para comunicar la novedad a los apóstoles. Juan plantea, de modo comprensible, el rol del discípulo amado. Lo pone contemplando la escena de primero, aunque es Pedro el que se detiene a mirar las pruebas de lo que ha pasado una vez que llega y entra al sepulcro. La expresión “ver y creer” que aparece en el texto de hoy, hace entender que aquello que Juan y Pedro contemplan, las características de los lienzos, las señales de una muerte clara y de una novedad de vida hasta ese momento poco entendida, dan paso a comprender una novedad: la resurrección ocurrió efectivamente como se había anunciado. ¡Es la Pascua! Es el gran salto victorioso de Cristo el que hoy celebramos. Y lo hacemos como lo ha hecho la Iglesia desde el siglo II: con un gran domingo, centro del memorial de Cristo. Es un día para decir con don Giussani: “En ti, oh Cristo, hemos resucitado: el dolor es investido por la alegría”. Es el inicio de una Presencia que nos salva a diario, nos refresca y nos da oxígeno en medio del mundo inexpresivo que nos rodea. “Si tu no estás, oh Cristo, todo es confusión”, decía Saint-Thierry y no sabía hasta dónde sus palabras podían ser realmente probadas por la realidad. Contemplamos un milagro impresionante. Y en esta línea Adrianne von Speyr afirmaba que “los milagros son obras de Dios, deben revelar a Dios”. Y hoy contemplamos en la escena de la Resurrección el más grande y revelador de los milagros: la gracia de la Presencia que nos devuelve la certeza del Ser. Un don que hoy es más necesario al hombre contemporáneo de lo que él mismo está dispuesto a aceptar. Ciertamente estamos ante algo grande. Un misterio profundo y totalmente decisivo. Una verdad que ni los chabacanos documentales de algún canal pueden siquiera atenuar mínimamente. ¡Es la Pascua!, es la piedra angular de nuestra fe y de nuestra vida. Hermanos y hermanas: ¡Felices Pascuas de Resurrección! P. Mauricio Víquez Lizano.
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