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Iglesia llama a los fieles a ser solidarios con los Cristos de hoy Sacerdotes pidieron imitar a María en el amor a los hijos y la familiaMonseñor Barrantes dijo que el amor es necesario para frenar violencia Ángela Ávalos aavalos@nacion.com No fue una lanza, sino un puñal el que atravesó el costado izquierdo de Rándall, un indigente de 26 años de edad. No fue un centurión el que golpeó hasta romper el pómulo derecho de Rándall, fue otro indigente en un pleito callejero. Este muchacho de la calle no fue el Cristo de la Pasión que llevaban anoche en andas en el Viacrucis de la Arquidiócesis de San José. Él vive su propio viacrucis en la calle, pero eso no lo hace perder la fe. Mientras decenas de católicos rezaban en el centro de San José padrenuestros y avemarías en las 14 estaciones que recuerdan la pasión y muerte de Jesucristo, Rándall hizo su propia oración. “Le pedí (a Dios) que me diera fuerzas para seguir adelante. Es el único que me puede ayudar a salir de aquí”, dijo tratando de explicar sus intentos fallidos por dejar la calle. De ojos claros y barba espesa, sucio y golpeado, como el Cristo de hace 2.000 años, Rándall prefirió mantener su ya de por sí prolongado anonimato. No quiso revelar más detalles, apenas alcanzó a levantar su suéter y a mostrar la herida fresca con sus manos sucias. Al fondo, los sacerdotes de la Arquidiócesis de San José le hablaban a los fieles sobre la necesidad de ser solidarios con gente como Rándall: “víctimas de la droga, la miseria, la prostitución y otras lacras más”, según dijo José Manuel Garita Herrera, deán de la Arquidiócesis. Este deán, o canónigo que preside el cabildo de la catedral, recomendó ayudar a cargar cruces como las de Rándall, quien, sin embargo, permaneció invisible para los que escuchaban el llamado de solidaridad de los sacerdotes. También invitó a las mujeres a imitar a María, como madres amorosas y pilares de la familia. Concurrido. Este año, decenas de personas acudieron al tradicional Viacrucis de San José, que salió puntual a las 7 p. m. de la iglesia de La Merced y continuó hacia el este hasta la Catedral Metropolitana. Durante dos horas y media, los devotos resistieron el frío y el viento que corría en la capital. En las catorce estaciones del Viacrucis los fieles recuerdan el sufrimiento de Cristo hacia el Calvario. Es una oportunidad que aprovechan los sacerdotes para enseñarle a los fieles que la salvación viene de Jesús, que dio su vida para limpiar a la humanidad de sus pecados. Monseñor Hugo Barrantes, arzobispo de San José, llamó a los cristianos “a cargar la cruz de los otros”. “Todos quisiéramos resolver el problema de los indigentes, quisiéramos una Costa Rica sin violencia. Todo consiste en el amor: el amor es la única solución”, agregó el prelado. Insistió en que se deben mejorar las leyes y poner más policías en las calles, la justicia es insuficiente. “Cristiano es el que hace algo por el otro. Necesitamos más Cirineos y más Verónicas que limpien el rostro del que sufre, así haremos la verdadera revolución del amor”. Mientras tanto, la gente continuó su marcha hacia la Catedral y olvidó a Rándall, uno de los cristos josefinos. Acostumbrado a que otros los ignoren, Rándall siguió la dirección contraria, hacia el oeste. Buscaba los alrededores de La Castellana, donde acostumbra dormir. Iba cargando su propia cruz.
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