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Capital revivió entrada de Jesús a Jerusalén Cientos de personas llenaron ayer calles y catedral metropolitanaArzobispo pide justicia y amor para encarar problemas de la ciudad Hassel Fallas hasselfallas@nacion.com Al principio, al burro Chame le costó entender que era hacia adelante y no hacia atrás por donde debía andar. Eran pasadas las 9 a. m. de ayer y la procesión de Domingo de Ramos empezaba en la iglesia de La Merced, en San José. Poco después, el burro comprendió su misión y se enrumbó tranquilo, sin rebuzne alguno, hasta la catedral metropolitana.
Jesús, el actor Rodolfo Oreamuno, no tuvo problema para montar al pollino y cruzar la puerta a Jerusalén, ubicada entre el edificio del Banco de Costa Rica y el almacén El Gallito, en avenida segunda. Un centenar de personas, con hojas de palma, recién bendecidas por el Arzobispo de San José, monseñor Hugo Barrantes, desfilaban detrás y delante de los personajes; reviviendo el pasaje bíblico sobre el ingreso triunfal del Mesías en la ciudad sagrada. Como ocurrió 2.000 años atrás, la gente en la capital gritaba en coro: ¡bendito el que viene en nombre del Señor! La proclama se repitió en reiteradas ocasiones hasta que la procesión concluyó en la Catedral. Allí, a las 10:00 a. m. se inició la misa donde los feligreses evocaron la Pasión de Jesús. En el evangelio de San Lucas, leído en la Catedral y en todos los templos católicos del mundo que celebraron el Domingo de Ramos, se dice que al entrar en Jerusalén, Jesús lloró por la ciudad. Ayer, el actor que imitó a Cristo no lloró por San José; más bien sonreía ante la aclamación de la gente. Después de que el intérprete cruzó la simbólica puerta, el paso de la procesión fue acordonado. Los feligreses siguieron el desfile desde las aceras, donde hay cartones sobre los que pasan la noche algunos indigentes. Quien “lloró” a su modo por la ciudad fue monseñor Barrantes. Vistiendo su casulla roja (símbolo del martirio que aguardaría a Jesús hasta la crucifixión) dirigió un mensaje a los fieles que de pie y sentados, abarrotaron la catedral. “La agresividad en las carreteras, la inseguridad en las calles, la violencia contra la mujer, la indigencia… ¿Cómo las solucionamos? Solo con justicia y amor”. “Todos tenemos derecho a llegar sanos y salvos a casa y eso solo se logra creyendo lo dicho por Cristo: amaos los unos a los otros”, advirtió el prelado. Entre quienes seguían el acto litúrgico estaban Johnny Araya, alcalde de San José y otros miembros del gobierno local. “Debemos asumir la misión que nos toca. Tendremos una mejor Costa Rica el día que políticos, diputados y todos entendamos que la misión no es servirse del puesto que tengo, sino servir en ese puesto. Jesús luchó para servir, no para ser servido”, agregó monseñor Barrantes. Los asistentes, en su mayoría personas mayores, asintieron al sermón, en el marco de los ritos iniciales de la Semana Mayor.
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