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EDITORIAL

Un nuevo desafío de Irán

La captura de 15 marinos británicos es un riesgoso golpe de propaganda
El régimen cada vez se muestra más aislado, pero, a la vez, agresivo


Si el éxito de una de las partes en un conflicto internacional se midiera, únicamente, por su capacidad de manipular el temario de las preocupaciones y discusiones públicas, tendríamos que llegar a la conclusión de que Irán se ha anotado una importante victoria durante los últimos días. Sin embargo, el trasfondo de los hechos revela, más bien, a un régimen cada vez más aislado de la comunidad internacional y con severos problemas de poder internos.

Casi coincidiendo con la decisión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU), de imponer nuevas sanciones a los iraníes por negarse a revisar su amenazante política nuclear, un grupo de “guardias revolucionarios” capturó, el 23 de marzo, a 15 marinos británicos que patrullaban el golfo Pérsico, por mandato de las propia ONU, para evitar la infiltración por las costas a territorio de Iraq. Según Irán, estaban en sus aguas territoriales; Gran Bretaña, en cambio, ha dado precisos detalles para demostrar que nunca salieron de las iraquíes. Aunque la versión de los primeros fuera la correcta (algo muy improbable), lo normal, en estos casos, es que los supuestos violadores territoriales sean liberados con rapidez, previa protesta por los canales diplomáticos.

El régimen de Irán, en cambio, optó por un vergonzoso show , con posturas abiertamente desafiantes, un claro irrespeto a los marinos británicos y una cadena de declaraciones y anuncios contradictorios, que han aumentado la incertidumbre. De esta manera, sin duda, logró desviar la atención pública mundial, que pasó de las sanciones de la ONU hacia el conflicto específico con Gran Bretaña. Fue un triunfo propagandístico. Sin embargo, con su actuación, claramente arbitraria y contraria a la convivencia internacional, lo que, en verdad, han logrado los gobernantes iraníes es incrementar su aislamiento y ratificar los fundados temores que existen en torno a su política nuclear.

Sistemáticamente, Irán se ha negado a acatar el mandato de la ONU para poner ese programa bajo la supervisión de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) y, de este modo, garantizar su orientación pacífica, a cambio de una serie de ventajas. Ignoró de forma desafiante las sanciones del Consejo de Seguridad aprobadas unánimemente en diciembre pasado. Por esto, el mismo organismo decidió endurecer su posición al respecto, también de forma unánime, lo cual dejó en clara evidencia el temor y el rechazo generalizado a un desarrollo atómico con claros perfiles militares. Fue entonces cuando se produjo la captura de los marinos británicos. Poco tiempo atrás, el “ayatolá supremo”, Ali Khamenei, quizá el hombre más poderoso de Irán, había dicho que, como la comunidad internacional había respondido con “actos ilegales” ante la política nuclear, su país se sentía con derecho a actuar ilegalmente.

Las declaraciones del máximo líder religioso hacen suponer que los “guardias revolucionarios” que capturaron a los marinos británicos actuaban bajo su inspiración u órdenes directas. Esta peligrosa estrategia no cuenta con el respaldo de todos los sectores de poder iraníes, algunos de los cuales han dado muestras de querer buscar salidas diplomáticas al tema atómico. Por esto, el espectáculo propagandístico montado alrededor de la captura, además de acrecentar aún más el aislamiento, es revelador de las pugnas de poder internas.

Es difícil saber cuál será el desenlace del episodio. Por el momento, han aumentado las tensiones en la zona, con el riesgo de una escalada. Ante este nuevo desafío, lo menos que puede hacer la comunidad internacional es dar un claro respaldo a Gran Bretaña, exigir que Irán libere de inmediato a los marinos y continuar con las presiones para que modifique su programa nuclear.

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