|
|
|||||
|
|
Ojo Crítico Rodolfo Cerdas L a seguridad fue la primera función que nuestro Estado abandonó. Con la libre remoción de la Policía, Seguridad –con RR. EE. y Educación– se convirtió en botín político, y con los PAES y privatizaciones se olvidaron los fines del Estado, el ser de la función pública, y algunos políticos, hasta la vergüenza. El bipartidismo designósu cúpula en seguridad a dedo, en medio de una gran movilidad laboral, improvisación y desconocimiento; y, sin la menor estrategia política e institucional, sus gobiernos en esta materia carecieron de congruencia y continuidad. Sin una única y definida filosofía policial, lo que hubo fue una mezcolanza de modelos distintos y hasta contradictorios. Al de la guardia civil española se le salpicó con el canadiense, el pinochetista, el israelí, el argentino –con su sabor a desaparecido–, el taiwanés y el surcoreano. La chanfaina se agravó en la guerra fría, cuando en vez de formarse como policías, nuestros guardias se entrenaron en contrainsurgencia, como boinas verdes y fuerzas especiales, en Fort Gullick, Fort Bragg y la Escuela de las Américas. La última ocurrencia fue, al calor de la neointegración, crear una escuela policial centroamericana, supongo que para aprender las técnicas de liquidación policial guatemaltecas y de limpieza social hondureñas. Como si este daño del bipartidismo no fuera bastante, hay una gran resistencia a patrullar las calles, que así quedan en manos del hampa o una cuestionable seguridad privada. Jamás se ve un policía patrullando el barrio y mucho menos un tráfico regulando el tránsito. Además, faltan recursos materiales y humanos, coordinación institucional y voluntad política. Por eso es bueno que ministros, el Fiscal General, el OIJ y la Corte hayan empezado a reunirse y coordinar en serio lo que van a hacer. El problema no son los rateros –que también hay que meter en cintura–, sino las temibles y violentas bandas organizadas que nos amenazan hasta en el interior de nuestras casas y negocios. Debe ser un esfuerzo de todos, incluidos los nuevos actores políticos y sociales, que deben ser oídos y respetados. La cuestión no son las pistolas o los cuchillos en manos de ciudadanos respetuosos de la ley, sino las ametralladoras, las AK-47 y las armas ilegales en manos de los delincuentes, amén de las causas profundas del mal. Entre las tareas principales está parar el crimen contra las mujeres y crear, con la financiación adecuada, la red institucional requerida para su protección. Si esto no se para , quizá se apruebe el TLC, pero este será un país desangrado y en manos de la mafia.
|
|
|||
|
© 2007. GRUPO NACIÓN GN, S. A. Derechos Reservados. Cualquier modalidad de utilización de los contenidos de nacion.com como reproducción, difusión, enlaces informáticos en Internet, total o parcialmente, solo podrá hacerse con la autorización previa y por escrito del GRUPO NACIÓN GN, S. A.
Si usted necesita mayor información o brindar recomendaciones, escriba a webmaster@nacion.com Apartado postal: 10138-1000 San José, Costa Rica. Central telefónica: (506) 247-4747. Servicio al cliente: (506) 247-4343 Suscripciones: suscripciones@nacion.com Fax: (506) 247-5022. CONTÁCTENOS |