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Comentario del evangelio: Llegan días diferentes Nos fijamos en este domingo, puerta de entrada de la Semana Mayor, en el texto de Evangelio que usa la Iglesia para la procesión de la palmas. Durante la misa se usará el largo texto con el que el tercer evangelio nos pone ante la pasión del Señor y nos ubica incluso hasta el momento en que el cuerpo del Señor es puesto en el sepulcro. Como sabemos, esta fiesta de hoy tiene un matiz doble: por un lado, se realiza una festiva procesión que anuncia que ha llegado “la hora” de que Jesús entre en la gran ciudad para hacer su entrega por muchos y, por otra parte, se proclama el Evangelio de la pasión, la gran característica de este domingo y que el pueblo de Dios vive intensamente si se hace con suficiente preparación y cuidado pastoral. Al iniciarse la procesión de hoy, con la cual se inicia la eucaristía de este día solemne, se proclama un texto que nos pone ante el ingreso de Jesús en Jerusalén. Lo hace en un borrico, que era la bestia usada por un príncipe cuando entraba en un pueblo en son de paz. Y además, lo hace rodeado por un ambiente de júbilo que llama la atención. A todo esto se añade otro elemento: el título de “rey” que hace que todo se centre en la persona del que ingresa en medio de alabanzas y aclamaciones de un pueblo que no puede callar. Una vez que se proclama este texto, las comunidades –si usan el modo de procesión para iniciar la celebración de este día– inician su recorrido. Los ministros, vestidos con ornamentos rojos, caminarán hacia la iglesia principal y mientras tanto los gritos de “¡hosanna!” y los ramos que se agitan anuncian la profundidad del misterio que aquella marcha conmemora. Lástima que, como informa un diario costarricense, dos millones de costarricenses se perderán estas maravillas. Ellos harán lo de siempre: se tostarán a la orilla del mar o deambularán por la montaña. Mientras tanto, su vida interior seguirá tan pobre como siempre y la búsqueda del sentido en el vivir habrá perdido otra batalla. Muchos de ellos, cristianos de nombre, ni notarán la diferencia de esta semana con otras de vacación. ¿Qué hacer para frenar esta tragedia de insignificancia y falta de sentido? ¿Una nueva evangelización que llegue a hacer más significante para el hombre de hoy el misterio pascual? ¿Una nueva pastoral a la par del turista de época? ¿Una catequesis que realmente enseñe algo y conecte con la vida real? ¿Revitalizar la parroquia? ¿Enfrentar la cultura laicista de hoy de modo más agresivo e inteligente? Ojalá la asamblea de Aparecida nos dé pistas para descubrir caminos y modos nuevos de respuesta urgente para el hombre de hoy que prefiere dormitar sin más en vez de contemplar la verdad. P. Mauricio Viquez Lizano.
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