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Familias reviven sus legados culinarios en Semana Santa Abundancia de platillos caracteriza festejo de la Semana Santa costarricenseEn el Valle Central se prepara chiverre y en Guanacaste se hornean rosquillas Alejandro Sandino Corresponsal San Isidro, León Cortés. En vísperas del inicio de la Semana Santa, familias del Valle Central y de Guanacaste dedican buena parte de su tiempo a preparar los platillos típicos de sus regiones. Comer –y en abundancia– es una de las características del festejo costarricense de estos días. Mientras los vecinos del Valle Central alistan todo tipo de dulces y conservas (muchas de chiverre), los guanacastecos encienden sus hornos de barro para preparar platillos con maíz. Aunque con ofertas culinarias muy distintas, en ambas lugares aún quedan familias que reviven cada Semana Santa el legado culinario de sus abuelos. Ejemplo de ello es la familia de José Ureña Gamboa, conocido como Pepón . Vecino de San Isidro de León Cortés, Ureña trabaja desde hace tres semanas en la elaboración de tapas de dulce de chiverre. Se trata de una verdadera tradición de este hogar porque el producto no se vende. Ureña alista sus tapas de dulce de chiverre para repartirlas sin costo a sus hijos, amigos y vecinos.
Todos ayudan. En la actividad participan hijos, nietos, yernos, nueras y algunos vecinos, quienes se acercan a degustar el dulce. Las tapas de chiverre son una invención de este vecino de San Isidro de León Cortés, quien sigue el procedimiento tradicional para hacer la tapa de dulce de caña. Las labores se inician a primera hora del día con la corta de suficiente caña para hacer el dulce. Con la ayuda de sus hijos, José Ureña traslada la caña al trapiche donde todo está acondicionado para la producción en serie de las tapas de dulce de chiverre. “El caldo o juego de caña hierve en una gran paila con unos 18 chiverres”, contó Ureña, al tiempo que movía el esperado dulce. Cuando está en su punto, llega la hora de las codiciadas pruebas. Estas consisten en meter con mucho cuidado los dedos en la paila para asegurarse de que la miel de dulce de caña y chiverre esté en su punto. Cuando la miel llega a su punto, y luego de enfriarse, se vacía en una gran batea de madera. Ahí, dos hombres fornidos baten el dulce con grandes paletas de madera. Entre ellos está Ureña, quien fiscaliza el proceso con cuidado. Luego, el dulce se chorrea en moldes de madera donde al enfriarse adopta la forma de la tradicional tapa de dulce. Ureña vive de su trapiche y solo hace estas particulares tapas para los Días Santos. Al final de su jornada, tienen de 100 a 150 tapas de dulce de chiverre para degustar en su tradicional mesa de Semana Santa. Colaboró con esta información, Marcela Cantero.
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