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Lunes 25 de septiembre, 2006 San José, Costa Rica. |
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Futbol Alajuelense fue un equipo efectivo que sacó gran renta de sus pocas llegadas Gustavo Jiménez M. gujimenez@nacion.com Cartago. Controlar la pelota, generar las mejores llegadas y arrinconar al rival generaron ilusión en el Fello Meza. Fue media hora de espejismo para los aficionados locales. Porque el futbol del Cartaginés engaña: por un lado promete goles, pero por otro los desperdicia y más bien deja la puerta abierta para que el oponente lo castigue. Michael Tommy, arquero brumoso, tardó 20 minutos en tocar bola. El cuero era propiedad de los de casa, y si alguno de los guardametas percibía la sensación de peligro en su arco ese era el alajuelense Ricardo González. Mas, ¿de qué le sirvió a los brumosos entrar a “proponer” frente al cuadro rojinegro? Pues de nada. Enviaron una falsa señal de superioridad que terminó hecha añicos al poco rato. Richard Mahoney tocó la pelota con la mano dentro del área, quizás de forma involuntaria, y ahí se le vino el alma al piso al cuadro cartaginés. Lo mismo había pasado hace dos semanas ante Saprissa: los brumosos jugaban bien, pero bastó un solo error de la defensa para que todo se viniera abajo. Alajuelense, en tanto, midió bien sus pasos ofensivos. Nunca invirtió más de la cuenta en sus incursiones, pero sacó generosos réditos de sus llegadas. Tras el penal que convirtió Rolando Fonseca, el juego cambió de rumbo. Cartaginés seguía con la bola, pero ya no era posible confiar en ese dominio. Eficacia. Un 3-0 parece indicar que uno de los equipos se dedicó a atacar mientras el otro permaneció encuevado en su territorio. No es el caso de este partido. La Liga regaló amplias porciones de cancha, pero lanzó veneno con sus contragolpes. El arquero González protagonizó tal vez la acción más determinante al minuto 60, el penal que le detuvo a Berny Solórzano, pues ahí terminó de desplomarse el conjunto de la Vieja Metrópoli. La variante de Richard Valencia no aportó ninguna solución a los brumosos, y más bien una pelota que perdió el delantero suramericano derivó en el segundo gol. Otro contragolpe, encabezado magistralmente por Marvin Calvo (quien por fin debutó), se convirtió en el tercer tanto, que le dio cifras de paliza al marcador. Pudo llegar un cuarto tanto, que Fonseca desperdició. Pero no hizo falta. Alajuelense tenía más que asegurado el encuentro. El futbol no es un asunto de merecer los goles. Si así fuera, definitivamente la suerte del Cartaginés hubiera sido otra. El problema es que los goles no se merecen, se hacen. Y ahí los brumosos quedaron debiendo todo.
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