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Una bandera de EE.UU. se refleja en la torre número 7 del World Trade Center, en el lugar que ocupaban las torres gemelas que fueron derribadas el 11 de septiembre del 2001 producto de un ataque terrorista.
AP./LA NACIN

Expertos advierten que otro ataque terrorista en EE.UU. es sólo cuestión de tiempo


Por Lara Jakes Jordan

Washington (AP). La amenaza del terrorismo contra Estados Unidos sigue siendo estremecedoramente letal cinco años después del 11 de septiembre del 2001, de modo que autoridades y especialistas no se preguntan si va a ocurrir un nuevo ataque, sino cuándo.

Pese a la reestructuración gubernamental y a más de 250.000 millones de dólares gastados para reforzar la seguridad en aerolíneas, fronteras y puertos marítimos, pocos dudan de la intención de la red terrorista al-Qaeda de atacar otra vez a Estados Unidos. El hecho de que el país no haya sido golpeado desde los atentados del 11 de septiembre del 2001 puede decir mucho tanto de la paciencia de los terroristas como de las medidas adoptadas para contener al terrorismo.

“No sé de nadie en el terreno de la inteligencia que no crea que habrá otro ataque”, señaló Thomas Kean, exgobernador de Nueva Jersey y presidente de la Comisión del 11/9, que investigó las fallas gubernamentales en la seguridad que incidieron en el secuestro de los aviones y su posterior impacto en edificios emblemáticos de Estados Unidos en el 2001.

“Va a haber otro ataque”, enfatizó Kean. “Simplemente (los servicios de inteligencia) no pueden decir cuándo”.

En la nueva etapa de rápidas y amplias revisiones de los documentos de identificación personal, de cabinas de pilotos con cerradura y a prueba de bala en los aviones comerciales, de pilotos armados, del rastreo de las visas de extranjeros y de seguimiento a las comunidades musulmanas y árabes, pocos esperan una repetición exacta de la conjura del 2001 en que se secuestraron aviones para estrellarlos en edificios grandes.

La inquietante realidad del terrorismo, sin embargo, es que siempre está en busca de nuevos mecanismos para causar muerte y destrucción en gran escala. Y siempre en busca del eslabón más débil.

Las autoridades han desarticulado diversas conjuras significativas, incluido el plan para derribar con bombas hasta 10 vuelos comerciales de Gran Bretaña a Estados Unidos, descubierto el mes pasado. La CIA ha ayudado a atrapar unos 5.000 presuntos terroristas en el mundo.

Y el gobierno ha establecido centenares de medidas de seguridad para visitantes extranjeros y residentes estadounidenses por igual, desde obligar a los pasajeros a quitarse sus zapatos para revisarlos en aeropuertos hasta intervenir conversaciones por teléfono y correos electrónicos.

Pero persisten huecos evidentes en la red de seguridad.

Policías disfrazados de civil para probar el sistema de seguridad en Estados Unidos han introducido una y otra vez armas en forma subrepticia en los puestos de revisión en aeropuertos, han ingresado al país con identificaciones falsas y han burlado los detectores que perciben rastros de radiación en arena para gatos y en bananas, pero que no siempre logran captar material nuclear.

Los equipos destinados a descubrir agentes biológicos en el aire tienden a volverse obsoletos. Y no toda la carga en terminales aéreas y marítimas es rigurosamente inspeccionada.

Además, como demostró el huracán Katrina el año pasado, los sistemas de respuesta ante desastres en todos los niveles del gobierno están muy mal preparados para una catástrofe.

“Hágase lo que se haga, no es suficiente”, dijo la representante (diputada) Carolyn Maloney, una demócrata de Nueva York que presidió el grupo legislativo sobre el 11 de septiembre. “Pero los sistemas en los que hemos trabajado arduamente para dejarlos listos no están funcionando”, reconoció.

El secretario de Seguridad Interior, Michael Chertoff, cuyo departamento fue creado en el 2003 a consecuencia de los atentados del 11 de septiembre, considera que los grandes pasos dados al compartir información de inteligencia y revisar pasajeros y carga en puertos aéreos y marítimos, son la prueba de que ha mejorado la seguridad en el país sin interrumpir el comercio.

Sin embargo, reconoce que se requiere hacer más en su agencia, que principalmente lidia con la manera de reaccionar ante crisis y analiza las posibles iniciativas de los terroristas.

“Viviremos con algunas expresiones de este problema durante un tiempo muy largo”, dijo Chertoff el mes pasado.

Varios grupos establecidos por el gobierno, incluida la Comisión del 11/9, han concluido en los últimos cinco años que Estados Unidos estaba en gran medida desprevenido para los letales ataques.

Esas conclusiones desencadenaron una extensa reestructuración en las misiones antiterroristas del gobierno, la más grande desde la creación del Departamento de Defensa en 1947. Además de unificar 22 agencias en el nuevo Departamento de Seguridad Interior, fue establecido el nuevo cargo de director de inteligencia que supervisa a las 16 agencias de espionaje de Estados Unidos.

El Congreso aprobó medidas como la Ley Patriota, que amplía la vigilancia en las investigaciones antiterroristas. La inversión federal en programas de seguridad interna se ha más que triplicado desde el 2001 a 55.000 millones de dólares este año, casi la misma cantidad destinada a la educación.

En tanto, la otrora peor amenaza del gobierno en la guerra contra el terrorismo -Osama bin Laden- sigue libre.

Con o sin bin Laden, las autoridades no esperan que la amenaza de al-Qaeda disminuya en los años venideros.

“Estoy convencido de que (los terroristas) están preparados para esperar siglos”, expresó el exsecretario de Seguridad Interior, Tom Ridge. “Tienen en mente un plazo más largo que nosotros. Así que tenemos que armonizar su paciencia con nuestra persistencia y nuestra concentración sostenida. Nunca podemos bajar la guardia”, advirtió.

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