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Aprendamos de la experiencia ajena

Más información, menos prejuicios; más responsabilidad, menos demagogia

Óscar Arias Sánchez


A lo largo de la campaña electoral, dije muchas veces que la creación de empleos de calidad sería una prioridad irrenunciable de mi gobierno. Aunque son muchas las tareas que hay que acometer para lograrlo –desde universalizar la educación secundaria hasta apoyar con la banca de desarrollo a las pequeñas y medianas empresas–, la más importante es hacer posible el crecimiento económico. Para que un país como Costa Rica, con un mercado interno diminuto, pueda crecer más aceleradamente y en forma sostenida no existe otra opción que profundizar la integra- ción con la economía mundial. Solo si abrimos nuestra economía, seremos capaces de crear empleos suficientes y de calidad para nuestra juventud.

Hoy nuestro país tiene una oportunidad extraordinaria para profundizar su vinculación con el mundo. El Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica y los Estados Unidos no solo vendría a consolidar el acceso de nuestros productores al mercado más grande del mundo, sino que estimularía un flujo de inversión extranjera y transferencia de tecnología al país imprescindible para nuestro desarrollo. Este TLC, como cualquier otro, no ofrece certezas, sino oportunidades. Pero un país que deja pasar las oportunidades por miedo a abandonar su situación presente, es un país que está condenado a retroceder.

Chile, Unión Europea, México, Nueva Zelanda... Como en tantas otras cosas, tal vez en esto nos convenga levantar la mirada y ver lo que está ocurriendo en el mundo. Si lo hiciéramos, nos encontraríamos con la experiencia de Chile, que hoy tiene acuerdos de libre comercio con Estados Unidos, la Unión Europea, México, Canadá, Corea del Sur, Centroamérica, Nueva Zelanda, Singapur, Brunei y China. Además, el Gobierno chileno ha iniciado negociaciones con Malasia, Japón y la India. La utilización de estos instrumentos ha dejado de ser controversial en Chile. Hace un mes, el tratado con China fue ratificado por el Congreso chileno por unanimidad. Es cierto que nunca hay respuestas fáciles en materia de políticas de desarrollo, pero no tengo ninguna duda de que esa orientación de la economía chilena ha sido un factor nada despreciable en que Chile haya disminuido su tasa de pobreza nada menos que 20 puntos en la última década y media, según cifras de la Cepal. ¿Es tan difícil aprender de la experiencia ajena?

¿Es tan difícil aceptar que es dudoso, cuando menos, que la globalización esté aumentando la pobreza en el mundo? Por el contrario, de acuerdo con cifras del Banco Mundial, en las últimas dos décadas la cantidad de pobres en el mundo disminuyó en casi 200 millones de personas, en buena parte debido a lo sucedido en China e India, dos países que han abrazado la globalización con particular fervor. En el este asiático, sin duda alguna la zona más vinculada a la economía global del mundo en desarrollo, hay, hoy en día, casi 550 millones de personas menos viviendo en la pobreza extrema que en 1981, de acuerdo con datos citados por el prestigioso economista Jeffrey Sachs.

Ejemplo de Vietnam. Quizá el caso más revelador sea el de Vietnam, que firmó en el año 2000 un Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos. Desde entonces, las exportaciones de Vietnam a los Estados Unidos han aumentado de $608 millones en 1999 a $6.631 millones en el 2005, un aumento de prácticamente un 1000%. Seguramente esa será una de las razones que le ha permitido a Vietnam reducir sus tasas de pobreza del 58,1% al 24,1% en la última década, si aceptamos las estadísticas de la OIT y el PNUD. Si Vietnam, un país con un régimen comunista, al que una terrible guerra con Estados Unidos le costó casi un millón y medio de muertos, quiso ratificar un acuerdo de libre comercio con esa nación, ¿por qué nos cuesta tanto hacerlo a nosotros?

Me temo que lo que nos hace falta en Costa Rica y en América Latina es más globalización y no menos, más información y menos prejuicios, más responsabilidad y menos demagogia. Quizá nos venga bien escuchar las palabras de uno de los actuales presidentes de nuestra región:

“Es más cómodo defender conceptos como el de soberanía y nacionalismo, que desarrollar un proyecto propio… Me parece que en este siglo que empezamos ten- dríamos que dejar de echarle las culpas al Fondo Monetario Internacional, al Banco Mundial y a los Estados Unidos, y ponernos a pensar en cómo elaborar un proyecto latinoamericano de desarrollo humano”.

Tabaré Vásquez. Ese presidente es el socialista Tabaré Vázquez, del Uruguay, el mismo que hace un mes anunció su intención de negociar un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos –el principal destino de las exportaciones uruguayas–, diciendo que “se equivoca quien cree que las relaciones comerciales se ideologizan"” y advirtiendo que “el tren, algunas veces, pasa solo una vez”.

Tiene razón el presidente Vásquez. Dar la espalda a la integración económica, regresar al proteccionismo comercial, menospreciar la atracción de inversión extranjera, y hacer depender el progreso tecnológico de las inversiones que pueda realizar el Estado, constituyen, hoy por hoy, la vía más segura para condenar a Costa Rica a la pobreza.

Si queremos salir del subdesarrollo debemos tomar decisiones que no siempre serán fáciles, por más que sean obvias. Caminar a la par de nuestros hermanos más necesitados, defender las oportunidades de empleo de nuestra juventud no con proclamas, sino con acciones concretas, implica casi siempre superar las tenaces resistencias del prejuicio y la ignorancia. Costa Rica no puede darse el lujo de volverle la espalda al TLC con Estados Unidos. Y estoy seguro de que no lo hará.

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