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Comentario del evangelio: ‘Effetá’: liberación y nuevo aliento El relato que la Iglesia nos regala en este Día del Señor es exclusivo del evangelio de Marcos. Un relato que muestra varias sentencias tripartitas y dos adiciones redaccionales en los versículos 31 y 36. El autor sagrado ubica el signo en un escenario gentil y el sujeto del mismo es un mudo ( mogilalos) que pronto podrá “hablar bien”, para atenernos a algunas de las traducciones más comunes con que se cuenta. El Señor toma a solas a aquel hombre y realiza con él un gesto sacramental, realizando al punto su significado. Los oídos se abren y la lengua despierta. Se nos narra cómo Jesús realiza aquello y hasta la palabra aramea que usa ( effetá, ábrete), todo en detalle y retratando un proceder fácilmente captable para el contexto pagano en que todo ocurre. Llama la atención el modo en que Marcos detalla las consecuencias de aquel signo y su insistencia en el tema del secreto mesiánico. Una cierta reserva, por el momento, es lo que Jesús reclama a los suyos y aquí también a la muchedumbre. El que las gentes moderen el anuncio de la buena noticia de Jesús como Mesías es aquí un imperativo práctico y todo ello con la idea de no adelantar la aparición de más anticuerpos que hagan aún mas dura la labor anunciadora o le impidan a Jesús del todo su movilidad normal. Sin embargo, la admiración llevada al colmo por la obra de aquel personaje particular, hacía que esa indicación se dejara de lado. Pronto es anunciado intensamente el mensaje que se pedía guardar, lo mismo que crecía en el corazón de todos la certeza de que la obra de Jesús era toda ella buena y que realizaba lo anunciado por Is 35,5s., esto es, la realización de una nueva creación. Es la llegada de la era mesiánica un día anunciada y ahora presente entre los hombres lo que está resultando evidente para aquellos testigos. Termino fijándome de nuevo en la palabra effetá. Un mandato del Señor que desata, libera, abre. Una expresión que recuerda el rito opcional del bautismo cristiano que va acompañado de un contacto del dedo pulgar del ministro con los oídos y boca del bautizado. Es como un decir a quien ha recibido el sacramento: “anímate y escucha la Palabra de Vida para que luego pronuncies palabras de esperanza”. Hoy día al igual que pasó con el sordomudo del evangelio, ni sabemos oír con atención lo que vale la pena oír y se nos ha olvidado hablar de lo realmente esencial. Estamos urgidos del gesto liberador del Señor… que su roce nos abra a su voz y nos lanza a ser voceros de buenas noticias en este mundo seco y sin alma. P. Mauricio Víquez Lizano.
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