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Proyecto hídrico: igual o peor El proyecto sobre el agua, maquillado, conserva todos los viejos viciosJuan J. Sobrado Chaves Desde estas columnas en dos ocasiones: “Aguas: Caballo de Troya” (octubre 2005), y “El enemigo en casa” (de setiembre pasado) señalé los graves vicios por los que el proyecto de Ley del Recurso Hídrico que tramita la Asamblea Legislativa desde la legislatura pasada es una grave amenaza para la salud y el abasto públicos. La Nación, igualmente, editorializó sobre el tema (7 de octubre) y le señaló otros graves y peligrosos vicios, que violentan incluso el sentido común. A ello desde estas páginas (19 octubre), contesta la diputada Maureen Ballestero, propulsora del proyecto, aceptando los errores que, según ella, ya fueron corregidos, de modo que el proyecto actual ya está bien. Nada de eso es cierto. El proyecto, con maquillajes intrascendentes, conserva todos los vicios señalados y es igual o peor que el que aprobó la comisión anterior a la de doña Maureen. Los vicios fundamentales son de escala de valores y conducen a un sistema y una estructura radicalmente equivocados, que solo se podrían corregir cambiando aquellas bases, lo que no hace. De ahí se derivan en cascada todos los demás vicios, que juntos forman el atentado a la salud pública y al abastecimiento de agua potable para el pueblo, que el proyecto le propone a la Asamblea Legislativa. En primer lugar, supedita en lo que hace –contra lo que dice al principio– la vida y la salud humanas al supuesto equilibrio hidrográfico y al ambiente, entendido como una abstracción separada de aquellas. Por ello relega a un segundo plano y afloja o impide la protección del agua potable, y la pone bajo la competencia del Minae, que no sabe ni puede saber de enfermedades de transmisión hídrica, de detección de contaminantes químicos ni de sus consecuencias en la salud humana, lo que requiere conocimientos especializados de medicina y de química, así como equipos de laboratorios muy complejos. Guardería para Herodes. Lo que es peor, el Minae tiene turbios antecedentes como contaminador peligroso en perjuicio de la salud humana. Primero en el grave episodio del 2001 , al permitir descubrir el techo pétreo de Puente de Mulas –lo que la señora Ballestero reconoce– que condujo a la comisión investigadora a recomendar intervenir el Departamento de Minas, lo que no se hizo. Segundo, al continuar dando en Setena permisos para instalar cultivos peligrosos como helechos sobre la frágil zona de recarga acuífera en las partes altas de Alajuela, y permisos ahí el Departamento de Aguas para explotar pozos como si fuera tirar confeti. Tercero, la Sala Constitucional tuvo que parar otros atentados graves del Minae contra las aguas subterráneas y la salud humana, en una de sus más importantes sentencias (caso Linda Vista, sentencia n.° 1923 del 2004). No obstante su incapacidad orgánica y sus antecedentes, el proyecto le encarga el cuido de la salud pública. A Herodes le encarga la guardería. En la correcta escala de valores, la vida y salud humanas presiden todo, y a su servicio deben estar el ambiente, Minae y los demás aprovechamientos. Con tal premisa, la rectoría del sistema hídrico solo le puede corresponder a un consejo en que figuren el Ministerio de Salud, AyA y el Senara o autoridad de aguas subterráneas (de importancia esencial), y el Minae sólo en lo que le corresponde, como soporte (no gobernante) de aquellos valores supremos. En ese consejo debe privar al criterio de cada integrante en lo de su campo, por lo que Salud diría la última palabra en lo que interesa. Sería un consejo coordinador y de poderes compartidos, de ninguna forma absolutos ni libres de control. La amenaza sigue igual. Esto último, porque otro error fundamental del proyecto, es la centralización, puerta grande para todos los abusos. Mucho más si el poder es indeterminado y discrecional, como lo concibe el proyecto. A partir de ahí vienen los otros horrores del proyecto. Reduce los retiros mínimos obligados de fuentes captadas, de 300 metros en la actualidad, en su caso, o sea, en ladera, a solo 100 y lleno de portillos, por lo que es relativo y no absoluto. La protección de las áreas de recarga queda en nada por su indeterminación y portillos. Y así en todo lo demás. De modo que la amenaza sigue igual o peor, y deben prestarle mucha atención los ciudadanos, los políticos y los otros diputados.
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