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Ojo Crítico Rodolfo Cerdas En política, como en amor, cada quien ve lo que desea. En las jornadas anti-TLC unos proclaman el éxito y otros, el fracaso. ¿Estarán ciegos todos? La desmesura y la irresponsabilidad verbal han descarrilado el debate, colocándolo en una ruta de colisión. Ni son traidores a la patria los que están a favor del TLC, ni los que están en contra. Las palabras tienen peso específico y, por su gravedad y significado, no deberían usarse con desenfado y ligereza. Rebelión, democracia callejera, golpe de Estado e ilegitimidad, subversión como sinónimo de manifestación pública y sindicato como aborto del averno es un lenguaje que distorsiona la realidad, promueve la intolerancia, impide el debate y hace imposible el diálogo. Estigmatizar al adversario evita la discusión, descalificarlo levanta muros insalvables y hacer de la lucha política una confrontación extraparlamentaria desemboca en violencia callejera. La discusión monotemática sobre el TLC ha empobrecido el debate político. El Gobierno ni se preocupa en concretar la agenda complementaria, sin la cual se ignora qué tipo de sociedad se busca. Aunque los ingresos estatales suben y surgen nuevas huacas fiscales y mal uso de fondos, se opta por aumentar la deuda externa y la carga tributaria, sin definir qué uso se hará de ambos en el contexto del TLC. ¿Un neopopulismo bien financiado, con más impuestos, deuda externa y TLC? ¿Eso quiere el Libertario? ¿Se lo traga el PAC? ¿Lo disimulará el PUSC? Ahora Al Día denuncia que la campaña de don Óscar se financió con dinero salvadoreño. Ya en 1986 había contado con dinero non sanctus, como en su campaña los tuvo don Abel. Es inevitable preguntarse cuáles serán los compromisos adquiridos con esos intereses salvadoreños, que no habrían pagado la orquesta si no se les garantizaba la escogencia de las canciones. Mientras el debate se limite al TLC, a la descalificación, las exageraciones y las mentiras, intente revivir al Costa Rica Libre o jugar a la insurrección con disfraz zapatista..., las tareas más importantes, como la redefinición de la política, el Estado y la sociedad del siglo XXI, el combate a la pobreza, el sistema de partidos, el cambio del régimen presidencialista al parlamentarista, etc. se nos irán de las manos. Esta sociedad enferma enfrenta retos que van mucho más allá del TLC. La Costa Rica de hoy es otra, nueva y muy distinta; su política no solo es vieja, sino caduca e ineficaz. Si eso no se entiende, esta erosionada democracia, pese a las mejores intenciones, podría convertirse en el mejor campo de marte para sus enemigos.
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