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Militares, caos o democracia

Humberto Ortega: 40 viajes con armas de Cuba a Guanacaste por $30.000 cada uno

Dr. René Castro


Considero inaceptable que se nos plantee que promover una agenda de cambio en Costa Rica nos llevará a escoger entre la militarización y el caos. En mi opinión el presidente Arias nos ofrece una tercera vía: más democracia o, dicho de otra manera, una socialdemocracia flexible.

La supuesta militarización. Hace unas semanas, el expresidente Carazo dio declaraciones al periódico Granma, órgano oficial del partido comunista cubano, y diseminó una denuncia: la militarización de Costa Rica. Aún recuerdo, en el gobierno de don Rodrigo, los enfrentamientos de la Policía con una población que se quejaba por el alto costo de la vida, la carestía de frijoles, de leche o aceite. Además, nos son familiares sus excesos retóricos. Por eso, su “denuncia” no sorprende. Otros la sabemos absurda. Nos recuerda a los sofistas griegos: “La palabra que pudiera ser el tirano de los pueblos” (Gorgias, 487-380 ADC).

Una vieja relación. La relación de Carazo con el régimen castrista es de larga data. Por ejemplo, el general Humberto Ortega, exjefe del ejército sandinista, escribe: “ Por la atractiva suma de 30 mil dólares por cada viaje, logramos hacer llegar las armas y municiones a Llano Grande, en la provincia de Guanacaste, Costa Rica, y de ahí a nuestros campamentos en el Frente Sur. Esta misión requirió no menos de 40 viajes a Cuba” (La Epopeya de la Insurrección, pág. 392). El general también nos dice que esto hubiese sido imposible sin la alianza política de Rodrigo Carazo, Fidel Castro, y otros aliados de los sandinistas.

En nuestro país es poco sabido que en las democracias con ejército se vive una permanente pugna entre el secretismo y la transparencia, entre el control civil sobre los presupuestos militares y los manejos discrecionales, entre los derechos del ciudadano y los privilegios militares. En nuestra América aún la joven y ejemplar democracia chilena padece los fueros especiales de un ejército que además recibe y gasta parte de las regalías del cobre con escaso o ningún control civil.

Por eso, para Costa Rica es consustancial con su ser el antimilitarismo y por ello nunca más volverá a existir militarización en Costa Rica, gracias a don Pepe.

Sospecho que el expresidente Carazo y el grupo de costarricenses que denuncian la plaga de la militarización lo hacen a sabiendas de que el hecho singular de la civilidad costarricense nos hace asimétricos con los países vecinos. La unicidad tica les facilita sembrar la duda en las democracias armadas y los congracia con gobiernos de comandantes que ejercen el poder civil y militar.

Ottón Solís y Salom. Muchos de los hoy aliados de don Otón Solís fueron los líderes de los antiguos partidos de izquierda, que parecen querer importar de Venezuela no sólo petróleo, sino la “democracia de las calles”. Por las similitudes en las estrategias es oportuno citar al Dr. Claudio Fermín, quien denunció que la acusación de irregularidades se usó para justificar el retorno de los militares a la política: “sirvió de coartada para que partidos y grupos políticos sin ningún apoyo, perdedores de todas las elecciones, se refugiaran en el argumento prefabricado según el cual les habían quitado, las elecciones, como si el PCV, el MAS, Causa R, o cualquiera de esos partidos hubiese alguna vez ganado elección alguna” (Claudio Fermín, Acción democrática, 2003).

Esto me recordó la intensidad de las acusaciones contra el TSE de Alberto Salom y también me retrotrajo nuestros años de estudiantes. Don Alberto desde la universidad nos incitaba a los de secundaria a bloquear las calles contra don Pepe Figueres. Pero repitieron tantas veces las consignas, las movilizaciones y la estrategia, que después de un tiempo nos sonaba rara, nos cansamos de faltar a clases y de oponernos a todo sin estudiar y sin ofrecer soluciones alternativas. La mayoría silenciosa se cansó, y miles de universitarios demócratas nos organizamos y derrotamos en las urnas a los líderes del no y del caos permanente.

La alternativa de Arias. Lo que el presidente Arias si está haciendo es plantear temas importantes para el desarrollo, aun si no son populares. Por ejemplo, en la pasada campaña electoral, sin remilgos planteó aprobar el TLC, subir la tasa de impuestos para financiar la lucha contra la pobreza, promover internacionalmente el Consenso de Costa Rica como relevo al de Washington y premiar a los países que reducen el gasto militar y aumentan la inversión social. El presidente Arias recomienda: “al pueblo hay que decirle la verdad y lo que debe hacerse y no lo que quiere oír”

La alternativa planteada por Arias nos llevará a ser de nuevo reconocidos mundialmente como un país de paz y naturaleza. Un país que quiere que sus jóvenes terminen al menos la secundaria, que considera un derecho el aprender un segundo idioma y el tener acceso a una computadora. Es decir, nada de regalados, sino, como reza la prescripción bíblica, “ a Dios rogando y con el mazo dando” o, en términos de la responsabilidad social empresarial, “enseñar a un hombre a pescar” es sacarle de la pobreza.

La vía alternativa propuesta por el presidente Arias desde su campaña nos reta a tener más gente educada, más mujeres jefas de familia con techo, pan y recursos para enviar los hijos a la escuela. Es decir, se trata de una democracia de oportunidades, no de regalos. Una democracia desar- mada y que atienda las necesidades del mayor número, y que, para el año 2021 , segundo siglo de su independencia, se siente entre las naciones desarrolladas del planeta.

Reitero: nuestra respuesta al caos y a la pesadilla de la militarización es más democracia, es decir, una socialdemocracia flexible y renovada.

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