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Comentario del Evangelio: ¿Realmente vemos? Ubicable dentro de la sección de textos didácticos del evangelio, es una narración que sirve de preludio a la entrada mesiánica de Jesús en Jerusalén. Cuanto se nos narra ocurre en Jericó, una pequeña ciudad de Judea situada a unos 28 kilómetros al nordeste de Jerusalén, en el valle del Jordán. Jesús se encuentra allí con Bartimeo, un nombre que solamente Marcos aporta. De un modo muy ruidoso aquel ciego proclama la trascendencia de Jesús. Algo que siempre habían hecho los demonios, esta vez lo hace alguien diferente de ellos y aplica al Señor en público un título mesiánico: Hijo de David. De esta manera aquel pobre hombre designa a Jesús como heredero de las promesas hechas a David mediante las palabras del profeta Natán (2S 7, 12ss., ICr 17, 11-14). A pesar de algunos regaños, Bartimeo no se inmuta. Grita más fuerte en la medida en que le piden callar. Dadas las circunstancias, Jesús lo hace llamar. Y entonces aquel hombre con necesidades tan concretas y tan mal atendido por sus contemporáneos, deja lo poco que tiene –su lugar y su manto- y de inmediato responde a cuanto Jesús le pregunta. El pues desea algo muy concreto: ver. Y le mueve una realidad que resulta evidente para el Maestro: su fe. Vamos por partes. Primero, es claro que aquel excluido de la sociedad logra ver. Pero es claro que mira más allá de lo inmediato. El evangelio de este día nos agrega un dato al final: el sanado seguía a Jesús “por el camino”. Efectivamente, Bartimeo supo ir más allá. Vio además la ruta que seguiría en adelante. Ya sea que la traducción correcta sea la anotada o que más bien haga referencia solamente al camino del discipulado, lo cierto del caso es que aquel hombre se puso en marcha por una senda que antes no miraba. Finalmente, Jesús elogia la fe de aquel habitante de Jericó. Marcos, incluso, pone énfasis en este elogio y no destaca demasiado la curación misma. Lo esencial es la actitud confiada de Bartimeo. Es muy claro que en estos tiempos la oscuridad y la ceguera son males que afectan a muchos. Hombre y mujeres de todas las edades, lugares y niveles de vida y formación andan por la vida sin ver. No han podido percibir la cercanía de Jesús que pasa. Les ha sido imposible a la fecha leer el rol de la Iglesia como instrumento para conocerle y menos aún han llegado a percibir el seguimiento del Señor como camino de liberación y realización plena. Bartimeo habla claro al mundo de hoy y le dice: anímate, clama, busca y confía… tal vez algún día él te llame y te diga al oído: “Tu fe te ha curado”. Mauricio Víquez Lizano, pbro.
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