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En Vela Julio Rodríguez envela@nacion.com El expresidente de la República, Luis Alberto Monge, leyó, de autor requeteconocido, un discurso intitulado “La Costa Rica del tercer milenio”, el 17 de octubre pasado, en el Centro Cultural de México. Lo leí con estupor. Nunca imaginé que un costarricense, mimado de la comunidad cubana de Miami, atacara, en forma tan indignante, al Estado y a la democracia de Costa Rica. En La Habana y en Granma lloran de emoción. Un expresidente costarricense ha revalidado las infamias proferidas por ellos en estos meses. Si el expresidente Monge dudara de la “trascendencia” y el daño moral de su perorata, que reúna a sus verdaderos amigos, a sus exministros y a sus familiares, y les pida su criterio sobre este discurso. Muchos de estos, en cuenta sus sobrinos, apoyan el TLC y al presidente Arias, culpable, según el orador, de todos los males de Costa Rica, económicos, morales y de “la pérdida de rumbo de la democracia”. “Confieso –dice– que nunca vi más sombrío el futuro de la República”. Luego, lanza un ataque cargado de odio contra la prensa y las instituciones: “La titularidad del mando en manos espurias”. “La democracia ha caído en el Triángulo de las Bermudas de las 3P: política, plata y politiquería”. Denuncia, contra el TSE, “el cuestionable conteo de los sufragios”. “La democracia costarricense es víctima de un sistema de incomunicación social. Es un aparato de propaganda totalitario…”. “Un aparato goebbeliano”. Repite los conocidos ataques de Granma contra el Gobierno: comercio de armamentos, la fabricación de combustible nuclear, y clama: “El TLC no vale una gota de sangre”, una insinuación peligrosa, y sentencia que “cunde la desesperanza alimentada por los escándalos de corrupción y los juicios por la prensa”, frase esta calcada de los expresidentes acusados en estos años. Es decir, la prensa y los tribunales son los malvados y los imputados, las víctimas. Casi debemos pedir perdón. ¡Qué vergüenza! Algunas frases finales: “El régimen” de Arias “se alzó con la titularidad para conducir el gobierno, con una deslegitimación ingénita insalvable”, “la Presidencia está en manos espurias”, “es un régimen de facto” y “EL ORDEN CONSTITUCIONAL ESTÁ ROTO”. El 99% de los costarricenses no reaccionará por este cúmulo de desatinos. El silencio es, a veces, la mejor sanción contra lo irracional. El 1%, preciso y necesario, puede, sin embargo, creer que, como “el orden constitucional está roto”, con la complicidad del TSE y la Sala Constitucional, las puertas están abiertas para la revolución, la violencia y la anarquía… (Miami, a la vista).
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