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El ABC del TLC

Si no arrancamos, no alcanzaremos ni siquiera el cabús del tren del desarrollo

Luis F. Arias A.
Profesor, UCR

¿Que sí al TLC? ¿Que no al TLC? Resulta una ecuación tan simple, porque no hay más que dos opciones: ¡sí o no! Quienes todavía, en forma engañosa y politiquera quieren hacer creer a la población que es viable su modifi- cación, pueden caer en un “otonismo” peligroso, extraviado, que puede llevarnos a decisiones incorrectas, que ponen en peligro el desarrollo y la estabilidad nacionales.

Por otra parte, hay quien pretende, demagógicamente, que la población común y corriente del país –que somos la gran mayoría– comprenda e interprete los términos alambicados de tal tratado comercial. Por eso “zapatero, a tu zapato”, que de seguro Zapatero en España lo estaría avalando, como bien hace Michelle Bachelet en Chile, ambos de gobiernos declarados y claramente socialistas.

Otros pretenden que por la vía de consulta popular se resuelva el asunto, con un mal llamado plebiscito, donde se encontrarán las fuerzas del sí y del no, pero no la confluencia de la sabiduría requerida para la mejor toma de decisiones, porque el pueblo –menos en tales circunstancias– va a decidir porque conozca o no el tratado, si- no simplemente porque los intereses políticos en conflicto van más allá. Incluso podría afirmarse que es un juego de la democracia contra grupos de poder, que pretenden el caos y el desorden civil. ¡Así lo han afirmado!

Volviendo a quién conoce el Tratado, significa que conocerlo es saber sopesar los intereses nacionales en un contexto regional y mundial, donde no necesariamente se aplica que “los últimos serán los primeros”, salvo en el sentido “murphiano” que, ineludiblemente, quienes lleguen de último serán los primeros en no encontrar nada del gran pastel del desarrollo.

La aguja en el pajar. Hemos de entender que los complejos términos del TLC no son accesibles a la población y por eso es que los que no saben nada de nada, incluso con 10 asesores políticos, encuentran “la aguja en el pajar” y con ella, cual sable, la desenvainan y atacan al Tratado desde las más increíbles y falaces posiciones, que son una ofensa para la población y solo despiertan tétrica hilaridad.

En esto hay que ser serios. El país requiere decisiones. No es, como dicen, que hay que resolverlo todo por la negociación y el consenso, como algunos pretenden con el atropello a la producción y dignidad nacional, que está haciendo el sindicato de Japdeva. La actitud de las autoridades gubernamentales de congraciarse con el soborno político durante al menos los últimos 8 años es la que nos tiene en la indefensión y parálisis. Hay que acabar con las gollerías que algunos defienden con el TLC como estandarte, y harán lo mismo con toda la agenda complementaria.

Innegable resulta la relación directa de causa y efecto que en las circunstancias actuales, por mencionar solo unas, significan un contubernio entre grupos, todo en detrimento de la institucionalidad y con el perjuicio económico y social que significa. ¿Quién puede desconocer las Sociedades Anónimas Laborales (SALES), que junto con los sindicatos del ICE han tomado y privatizado gran parte de la gestión de esa institución y que ahora resultan adalides defensores de ella? ¿Por qué anuncian con bombos y platillos su oposición a la privatización –algo que nadie pretende– si de todas formas ellos la tienen cautiva y privatizada en su exclusivo beneficio. ¡Por favor, no nos engañemos, ellos son defensores de sus exacerbados privilegios y de su rentabilidad personal!

Efectos negativos. Para nadie es desconocido y resulta fácilmente previsible que, si nuestro país no accede al TLC, los efectos contrarios incluso ya se dejan ver. Empresas que emigran a otros países, otras que no se instalan en el nuestro porque ya no resulta atractivo, pese a factores positivos por todos conocidos, como en desarrollo tecnológico y en educación. Al fin y al cabo, terminaremos cubanizándonos, con excedente en formación y desempleo abierto en todos los niveles.

Acción. Beneficios. Cordura. ABC. Son tres elementos inherentes al proceso de transformación del país, que implica apostar a un tratado que puede tener sus defectos, pero, si no arrancamos, no alcanzaremos ni el cabús del tren del desarrollo.

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