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En Guardia Jorge Guardia jguardia@nacion.com Contra todas las predicciones, y en abierto desafío a la tendencia del mercado financiero internacional, bajaron las tasas de interés en Costa Rica. Y, por primera vez, las tasas en subastas de los títulos oficiales cayeron por debajo de las de los bancos públicos y privados. ¿A qué se debe el milagro? Recapitulemos para beneficio de quienes no son financistas. Los intereses de los títulos del Gobierno a 6 meses cayeron del 16,5% en abril del 2005 al 11,31% en octubre de este año. Los de los bancos públicos también cayeron del 13,64%, al cierre del 2005, al 11,34%, y los de los bancos privados bajaron al 12,64% a principios de octubre. La tasa básica pasiva neta, que las envuelve a todas ellas y las de otras entidades, también cayó al 12,19%. Repito, ¿quién hizo el milagrito? El prodigio brotó de San Ministro de Hacienda. Escuchó la plegaria de la Contraloría para mejorar el cobro de impuestos y contraer el crecimiento del gasto. Los ingresos corrientes crecieron un 21,4% y los gastos solo un 16,3%. Se duplicó el superávit primario del Gobierno (sin intereses) y su financiamiento externo neto fue negativo. Pero hubo algo aún más revelador. Por primera vez, el déficit del sector público consolidado (con cifras a agosto) se convirtió en superávit del 0,8% del PIB (1,2% anualizado). Ahí está, insólito, el milagrito. Pero calma, feligreses, porque el sermón no acaba ahí ni Hacienda ha hecho tantos méritos para su canonización definitiva. Si prestan atención a las voces terrenales (con un oído de economista impío y, otro, de político luciferino), percibirán distintos ecos del campanario legislativo. Un solo tañido significa que, a menos que cambie el cura, no habrá misa para celebrar la reforma fiscal, por más incienso que lance el monaguillo ni platillos que pasen las recolectoras. No les concederán más diezmos porque les sobran limosnas. De nada valdrá enseñar el contradictorio escapulario de la carga tributaria. Según la Contralora (Santa Rocío), ya la carga subió del 13% al 14% del PIB, a base de mera recaudación. Si se incluye el superávit del resto del sector público (2,8% del PIB), la exacción es mayor. Si entidades como el ICE y la Caja perciben elevadas tarifas que no devuelven en servicios o inversión, estamos pagando más de lo debido (penitencia impositiva). Y si se suman los empréstitos, la abundancia de recursos crecerá. ¿Blandirá el escapulario, el funcionario, ante el campanario? Si las tasas de interés se hubieran disparado por escasez de recursos, ya sabríamos por quién doblan las campanas. Pero exigir más, ahora, sería estrafalario. Al diablo el paquete tributario (con todo y escapulario).
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