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Mensaje para los adultos No es correcto ni ético usurpar la representación de los estudiantes o del pueblo para defender posiciones ideológicasLa decisión sobre el TLC corresponde expresamente a la Asamblea Legislativa, en un ambiente de respeto y sin filibusterismo Publicamos, el domingo pasado, en la sección de opinión, un comentario de los tres mejores promedios de la Universidad de Costa Rica en los últimos tres años sobre el TLC. Son ellos Mauricio Patiño Ruiz, en el 2005; Rosalía Román Urcuyo, en el 2004, y Daniel Pérez Umaña, en el 2003. Nos referimos a este mensaje por su sólido contenido y porque refleja la posición ponderada y responsable del pueblo de Costa Rica en momentos en que algunos educadores, políticos y dirigentes sindicales han asumido la representación de los estudiantes para convertirlos en simples instrumentos de sus intereses. Además, este comentario, si bien se refiere a la discusión sobre el TLC, rebasa ampliamente este tema y se convierte en una lección ética e intelectual para muchos adultos en el campo de la política y de la educación. Es una lección de auténtico patriotismo, entendido este no como retórica panfletaria o ideológica, sino como expresión de una visión justa e inspiradora sobre el presente y el futuro de Costa Rica. Los conceptos que enuncia, enraizados en las mejores tradiciones del país, son aplicables a los más diversos órdenes de la vida nacional al escoger la vía correcta para resolver los problemas nacionales. Es un mensaje de paz, de entereza, de respeto, de ética y de lucidez, valores y principios cuya declinación ha debilitado nuestro sistema político y ha causado graves perjuicios a nuestro país. Primeramente, los autores de este mensaje denuncian la usurpación cometida por “un pequeño grupo” de dirigentes de la UCR que pretenden representar al estudiantado sin legitimidad alguna. En este abuso incurren –agregamos– políticos y dirigentes sindicales que hablan en nombre del pueblo, de los sectores más pobres de Costa Rica o de las instituciones públicas. En segundo lugar, formulan un llamado a la responsabilidad personal, que exige asumir las consecuencias de los actos y de las palabras, pero también a la responsabilidad encarnada en opiniones argumentadas en un lenguaje apropiado e inspiradas en un contenido propositivo. En tercer lugar, condenan la cultura del no, de la oposición por la oposición, y propugnan la estrategia de las soluciones, definidoras de la calidad y visión de los auténticos dirigentes. En cuarto lugar, defienden, como corresponde, la representatividad originada en la legitimidad que brota de la elección democrática y califican de “deshonesta” la representación espuria de las mayorías. En lo tocante al TLC, su aprobación o desaprobación corresponde a los diputados. De aquí que la pretensión de desplazar la decisión parlamentaria o de pedirle al Gobierno el retiro del TLC de la Asamblea Legislativa representa, además de una expresión de arrogancia y de inseguridad, menosprecio de la representación democrática y del Estado de derecho. En quinto lugar, reafirman lo que constituye un axioma político: la carencia de rumbo y la indecisión son la vía expedita del subdesarrollo y de la devaluación de las conquistas logradas. Estamos sufriendo las consecuencias de esta mentalidad. Esperamos que los dirigentes políticos y sindicales, las autoridades universitarias, los líderes sindicales de los educadores y los profesores que han tratado de convertir el TLC en instrumento ideológico, logren captar el contenido ético, intelectual y patriótico de este mensaje. Este es el camino de nuestro país y la razón de la democracia. La violencia verbal, la manipulación de los estudiantes o del pueblo y la asunción de una representación que no se tiene no son, desde ningún punto de vista, los recursos apropiados para resolver los problemas del país y enfrentar los grandes retos que nos acosan. Creemos que así lo entienden los defensores del TLC y aquellos que, de buena fe y racionalmente, lo han cuestionado.
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