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Grosera intromisión Víctor Hugo Murillo S. vhmurillo@nacion.com Nicaragua irá a elecciones el 5 de noviembre. Corresponderá a sus ciudadanos decidir a quiénes eligen presidente y vicepresidente de la República, diputados nacionales y representantes ante el Parlamento Centroamericano. Este ejercicio democrático constituye, per se, una decisión interna, soberana, que no debe verse afectada por ninguna intromisión extranjera. Lamentablemente, funcionarios gubernamentales y representantes diplomáticos estadounidenses no lo entienden así, no obstante que la potencia del norte gusta presentarse como adalid de la democracia y de los comicios como medio para escoger a los gobernantes. En la campaña electoral, con total descaro han proliferado sus declaraciones para vetar a Daniel Ortega y a su partido, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), como opción de Gobierno. Al menos un congresista, el secretario de Comercio, Carlos Gutiérrez, y el embajador en Managua, Paul Tivelli, no han escatimado palabras para advertirles a los nicaragüenses ¡que no deben elegir a Ortega! Ha llegado a tal extremo esta intervención que la semana anterior Tivelli expresó: “...En realidad, un voto para el PLC (Partido Liberal Constitucionalista, de Arnoldo Alemán) es casi lo mismo votar por el Frente Sandinista”. ¿En qué se diferencia esta actitud con la del presidente Hugo Chávez, cuando tomó posición en favor de candidatos en Perú y Bolivia, y expresó que no reconocía la elección de Felipe Calderón en México? Además, es una contradicción flagrante que Washington, que durante el conflicto armado en Centroamérica pugnó por la efectiva democratización –a través del sufragio libre y transparente–, le diga a un pueblo cuál candidato no debe escoger. Como si fuera poco, la víctima es un país que, desde principios del siglo XX, ha sufrido repetidos maltratos y humillaciones desde que Estados Unidos decidió que el Caribe era su mare nostrum y se arrogó el derecho de intervenir. Dos desembarcos de marines –en 1912 y 1927–, la entronización de una dictadura dinástica (los Somoza) afecta a sus intereses, el embargo comercial y el sabotaje a los puertos del Pacífico (estos últimos en los años 80) son hechos que retratan la conducta de la potencia en su relación con el vecino país. ¡Nicaragua merece respeto!
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