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En Vela Julio Rodríguez envela@nacion.com En el océano de basura que contamina Internet apareció un mensaje de Juan Carlos Apéstegui Arias sobre dos charlatanes llegados a nuestro país a engrosar el número. Es un regalo de humor, en estos meses de poses y gesticulaciones patrióticas, reiteración de lo dicho hasta el cansancio: el fantasma de la crisis mental y moral recorre nuestro país. Pues bien, se presentó, en días pasados, un individuo en el cine Magali, previa publicidad motivadora. Entrada a reventar: 6.000 colones por “cabeza”. Nombre: Oshoy (ideal para cazar bobos). Objeto: venta de un perfume mágico capaz, según el timador, de curar todos los males económicos, físicos y psicológicos del ser humano. Según el informante, Canal 7 mandó a analizar el líquido, de donde resultó lo obvio: alcohol de 90 grados con agua. (Compatriotas, lloremos a moco tendido. La bienamada, la razón, se escapó y estamos indefensos). Segundo episodio: centenares de ticos corrieron entusiasmados a recibir al aeropuerto a otro charlatán que dice llamarse Jesucrito Hombre, más aún, dice que él es Dios. La gente lloraba, se desmelenaba y entraba en trance. (“Somos un pueblo alfabetizado, no educado”. No nos dé pena repetir esta conclusión del informe Estado de la nación hasta que se hagan sangre nuestros oídos. Tampoco nos acongoje repetir en esta Tiquicia amada la sentencia bíblica: “El número de tontos es infinito”). El problema es que también es infinito el número de timadores. Crisis mental y crisis moral. ¿Puede actuar la voluntad si la razón anda extraviada? ¿De qué sirve la luz de la razón si la voluntad se desvía? Un consuelo para esta generación. ¿No nos engatusaron y nos arrodillamos, en años pasados, ante Sabundra, Teja, Vesco y otros? Y ¿no se burlaban de los periódicos que denunciaron estos hechos algunos de los que, bien callados a la sazón, hoy reparten escapularios de patriotismo, de justicia social y de defensa del Estado? Y ¿no han abundado impunemente emisoras y televisoras de milagreros, vendedores de agüitas y mercaderes en nombre de Dios? Y ¿no se ha dicho, acaso, en estos meses, que nos vamos a quedar sin agua y sin océanos, sin soberanía, sin paz, sin agricultura, sin educación pública, pero llenos de armas nucleares y bodegas de armamentos, y que es deber de las universidades públicas repartir la “pastilla del día después”? Por dicha, se publicó ayer en La Nación un comentario de los tres mejores promedios de la UCR. Una luz, una esperanza…
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