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Rebelión y traición a la patria Wilbert Arroyo Álvarez Catedrático, UCR Más que lamentable, es sedicioso lo que los de siempre dicen poder ejercer: el supuesto “derecho de rebelión”, que no es sino –para quien tenga un dedo de frente– una inmensa burla a la inteligencia del costarricense. Desde hace mucho tiempo, un grupo de alborotadores, los mismos, han venido con el cuentito de que, si no se hace lo que ellos quieren, tienen “derecho” a la “rebelión”. Esa pose, que no es otra cosa, además de ilícita parece el berrinche del “chiquito malcriado”, al que no basta despotricar contra la institucionalidad, sino que, además, quiere confrontación civil a como dé lugar. Tal vacío, incluyendo el legal, los hace ignorantes de una verdad de Perogrullo: donde hay rebelión, no hay derecho y donde hay derecho, no hay rebelión. Y no son palabras nada más, sino un principio constitucional y fundamental en un Estado de derecho, como el costarricense. Lo peor es que algunos dirigentes político-sindicales, no conformes porque en el país nadie les hace caso, sin medir las consecuencias de sus exabruptos, afirman, desde la derruida Cuba, en forma totalmente irresponsable, hechos falsos que solo desacreditan al país. Así, los de siempre, reconocidos por su infundada oposición a este y cualquier gobierno democrático, usan el periodismo “oficial” cubano, único medio permitido por el dictador Fidel Castro, para vociferar contra nuestras autoridades públicas, electas democráticamente. Descaro sin límites. ¡Pararse en el mismo podio de la dictadura más sanguinaria y desprestigiada de todos los tiempos en Latinoamérica a lanzar afrentas a la patria, que les ha permitido hablar sin temor a ser hechos prisioneros, como ha sucedido a muchos cubanos en la isla! Además de impertinente, es un hecho que debe llevar a reflexionar sobre quiénes son los que pretender señalar el paso a dar en el país, caminado sobre el sufrimiento, encarcelamientos y muertes que han desvivido a ese país caribeño, enrejado por los comunistas desde hace 47 años. Por lo anterior, no es de extrañar que los de siempre, quienes hablan del “derecho a la rebelión”, sean quienes, con sus desafortunadas afirmaciones, le rinden tributo al tirano Castro, quien hoy, en el ocaso de su patética existencia, solo sufrimiento ha dado a ese pueblo hermano, que cuenta las horas de salir de la “reversión a-histórica” en que los ha sojuzgado el miedo, el terror y la miseria. La rebelión, como desesperado camino para imponer ideologías, es contraria a un Estado de derecho como el costarricense, donde la Constitución dice expresamente: “Nadie puede arrogarse la soberanía; el que lo hiciere comete el delito de traición a la Patria”.
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