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Corea del Norte hace historia Una Corea del Norte hostil, aislada y con armas nucleares debe alarmarnos a todosRichard N. Haas Presidente del Consejo de Relaciones Exteriores y autor de “The Opportunity: America's Moment to Alter History's Course”. Generalmente es más fácil identificar un parteaguas histórico en retrospectiva. Pero no es necesario que pasen los años para determinar si la prueba de un artefacto nuclear explosivo que Corea del Norte realizó reúne las características de un parteaguas. Lo es. La pregunta es si será positivo o negativo. Algunos argumentan que poco ha cambiado como resultado del ensayo. El mundo supuso durante años que Corea del Norte tenía suficiente material nuclear para hacer media docena o más de bombas nucleares simples. El ensayo hizo explícito lo que era implícito. Pero lo que antes se suponía ahora se sabe. Por lo tanto, mucho ha cambiado. Corea del Norte ha desafiado a la comunidad internacional; la pregunta es cómo va a responder el mundo. Es mucho lo que está en juego. Los gobernantes de Corea del Norte tienen antecedentes de agresividad, un desprecio demostrado por su gente y un historial de vender lo que sea (desde drogas y dólares falsos hasta partes de misiles) para obtener divisas duras. El peligro es que pueden verse tentados a usar las armas nucleares, a actuar irresponsablemente con la creencia de que esas armas los van a proteger o a venderlas a terroristas. Un segundo peligro tiene que ver con las consecuencias regionales del ensayo nuclear de Corea del Norte. Asia es una zona dinámica que alberga a muchas de las potencias mundiales, incluidas China, Rusia, Japón, las dos Coreas y, en muchos sentidos, Estados Unidos. Este dinamismo podría conducir a una inestabilidad debido a las múltiples fuentes de desconfianza y a la falta de instituciones regionales fuertes que ayuden a manejar las rivalidades. Efectos globales. También existen las consecuencias globales. Ahora Corea del Norte es el noveno país que tiene armas nucleares, junto con los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, Israel, India y Pakistán. El peligro es que podríamos estar cerca de un punto de inflexión. Es probable que la forma en que el mundo responda a Corea del Norte afecte los cálculos de otras probables potencias nucleares incluyendo a Irán. Va a ser mucho más difícil mantener la paz en un mundo en el que literalmente docenas de manos pueden activar armas nucleares –y las consecuencias de no lograrlo serán mucho más destructivas. Las reacciones iniciales al ensayo nuclear de Corea del Norte fueron de crítica uniforme, y culminaron (hasta ahora) en la Resolución 1718 del Consejo de Seguridad que condena el ensayo, exige que Corea del Norte reanude la plena cooperación con el Organismo Internacional de Energía Atómica e impone una serie de sanciones militares, políticas y económicas. Pero los dirigentes de Corea del Norte claramente apuestan a que pueden salirse con la suya y que el mundo se acostumbrará a su programa de armas nucleares, como lo hizo con Israel, India y Pakistán. Tal vez tengan razón. Tanto China como Corea del Sur están renuentes a apoyar sanciones más fuertes. La política de reunificación de Corea del Sur, conocida como Sunshine policy, se entiende mejor como un “compromiso incondicional”. No es sorprendente que este enfoque de “ni zanahoria ni palo” no haya logrado modificar la conducta de Corea del Norte. China, por su parte, ha dejado claro que no tiene la intención de inspeccionar los cargamentos que entren y salgan de Corea del Norte a través de su larga frontera común para asegurarse que no contengan objetos prohibidos por la Resolución 1718. Si bien China se opone a la posesión de armas nucleares por Corea del Norte, se opone aún más a las políticas que puedan amenazar la estabilidad de ese país y conducir a un movimiento masivo de refugiados hacia China o a una Corea unificada con capital en Seúl. Tres opciones. Así, el reto sigue siendo el de concebir una respuesta que obtenga un apoyo internacional generalizado y que influya sobre la conducta y las capacidades de Corea del Norte. Una opción es un ataque “preventivo” militar. El problema es que es casi seguro que eso desencadenaría una guerra masiva y costosa y no necesariamente lograría destruir todas las capacidades ocultas de Corea del Norte. Además, tanto China como Corea del Sur se oponen enérgicamente a tal escenario, en tanto que Estados Unidos está mal preparado para implementarlo dado su involucramiento en Iraq. Una segunda opción es vivir con una Corea del Norte nuclear. El riesgo no es tanto que Corea del Norte pudiera usar armas nucleares (aunque podría hacerlo) sino que las vendiera. La advertencia del presidente Bush de que “la transferencia de armas o material nuclear por parte de Corea del Norte a países o entidades no estatales sería considerada como una amenaza grave a los Estados Unidos y consideraríamos totalmente responsable a Corea del Norte de las consecuencias de esa acción” tiene como objetivo impedir ese escenario. El problema, por supuesto, es que la disuasión algunas veces falla. La tercera opción es la diplomacia. Se esperaría que Corea del Norte abandonara sus armas nucleares y pusiera todo su material nuclear bajo salvaguardas internacionales a cambio de garantías de seguridad formales, recursos energéticos y una serie de beneficios políticos y económicos. Tales esfuerzos deben renovarse tan pronto como sea posible; Estados Unidos debería aceptar las pláticas bilaterales, así como entre las seis partes, con Corea del Norte, tal vez a cambio de una moratoria de los ensayos nucleares. Se necesitará una mezcla de las tres opciones –amenaza de la fuerza militar, realidad de las sanciones económicas y reanudación de la diplomacia– para abordar el desafío de Corea del Norte. No será fácil, pero vale la pena intentarlo pues la alternativa –una Corea del Norte desesperanzada, hostil, aislada y con armas nucleares debería alarmar a todos.
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